martes, 15 de abril de 2008

Candidatura de Antonio Mingote para el Premio Príncipe de Asturias



















Comenzamos poniendo varias fotografias de pinturas suyas: su amigo y autor del artículo que pondremos a continuación, Alfonso Ussía, los 3 Ramones, visitando su casa de Daroca por primera vez despues de 80 años, pintura de niño asomado al balcón de su casa en Daroca,
prohibido pisar la hierba y la foto del genio Mingote.

Yo siempre he dicho y lo mantengo: que cada dibujo de mingote es un libro. Se queda uno examinando y analizando el dibujo y con todo lo que expresa se puede escribir un libro sobre ello. La Real Academia de la Lengua le nombró bien nombrado.

MINGOTE

Dice que está jugando la prórroga, y yo insisto en que no lo entiendo, pero admito que tiene algo de razón

Alfonso USSÍA

En una entrevista de Amilibia publicada en LA RAZÓN -este periódico no veta a quienes derraman su talento en otros medios-, Antonio Mingote ha dicho que se siente como si estuviera jugando una prórroga. No lo entiendo, porque está perfecto, con su genialidad no sólo intacta sino creciente, y con una vitalidad desbordante. Sigue bastante sordo del oído izquierdo, y ahí se resume su único detalle de dejadez. Se ha gastado un dineral en un aparato con el que oye hasta lo que no quiere oír, y siempre se lo deja en casa. Para mí, que lo hace con toda la intención, porque el mundo está repleto de tontos y Antonio no soporta las tonterías. Hace días, un lector de LA RAZÓN, Juan Carlos Sánchez Samper,(1) recordaba el fallido intento de la candidatura de Antonio Mingote para el Premio Príncipe de Asturias. No se lo van a dar porque el Jurado está dominado por unos cursis que consideran lo español como un valor de segundo grado. Nadie ha culminado como Antonio Mingote una obra tan grande y beneficiosa en el siglo XX español y lo que llevamos del XXI. Ha dibujado España, sus costumbres, sus defectos, sus exageraciones, su alegría y su tristeza, siempre desde la sonrisa. Ha escrito mucho mejor que bien, y eso lo entendieron -bello milagro-, los académicos de la RAE para hacerlo suyo. Ha conseguido la admiración unánime de los españoles, exceptuando al resentido merluzo asturiano que domina en el Jurado del Príncipe de Asturias, y nadie pone en duda su aportación al arte, al periodismo, a la literatura, a la pintura y al ecologismo -éste, de verdad-, en sus setenta años de trabajo continuo y prodigioso. Pero en los jurados de los Príncipes de Asturias, que tan hábilmente maneja el simpar don Graciano, se ha instalado un esnobismo internacionalista de difícil superación. Ahora, con el cambio en la presidencia de la Fundación Príncipe de Asturias, se puede albergar la esperanza de un nuevo rumbo, pero me temo que el rumbo está trazado y que nada, o muy poco, se va a modificar.

Antonio Mingote dice que está jugando la prórroga, y yo insisto en que no lo entiendo, pero admito que tiene algo de razón. A los ochenta y nueve años, nos guste o no nos guste, algo de prórroga se juega. En el próximo enero, cumplirá los noventa, y premiarán en Comunicación y Humanidades al que designe don Graciano y defienda en la reunión el resentido merluzo de la zona. Este artículo no le va a ayudar en absoluto a Mingote, que por otra parte no desea ser presentado a ningún premio porque ya tiene muchos y vive muy tranquilo sin él. Pero en el fondo, el Príncipe de Asturias le emocionaría, por lo que pudiera tener de reconocimiento a una larga trayectoria de genialidad positiva para España, y por su estrecha vinculación y altísima lealtad con la Corona y sus personas, desde Don Juan de Borbón al Príncipe de Asturias, pasando naturalmente por ElRey.


En el prólogo a la edición de «El Quijote» con seiscientos dibujos de Mingote, El Rey escribe: «??El Quijote?? se agiganta aún más con las ilustraciones de un genio contemporáneo, Antonio Mingote, que realza el texto de Cervantes». «Picasso de los periódicos», para Francisco Umbral. «El genio insuperable que nos diseca», para Camilo José Cela. Sobran más opiniones. El casi nada para el Jurado del Príncipe de Asturias. Está jugando la prórroga y algunos quieren que suene el pitido final.

(1) Juan Carlos Sánchez Samper es el querido amigo y sobrino de quien administra este blog.


ALGO MAS QUE FOCAS







Juan Manuel de Prada, en su artículo "Algo más que focas", publicado en el XLSemanal del 13 de Abril de 2008, traza un no paralelismo entre la exhibición de la matanza de focas y la exhibición de la matanza de niños gestantes.

Algo más que focas

Un año más, coincidiendo con el levantamiento de la veda ; decretado por el Gobierno canadiense, los medios de comunicación han repro­ducido imágenes de la matanza de focas perpetrada en el golfo de San Lorenzo. Son imágenes de extrema crueldad que revuelven el ánimo de cualquier espíritu sensible: las focas son matadas a garro­tazos (si fuesen abatidas por balas, sus pieles agujereadas carecerían de valor), mientras profieren gemidos casi huma­nos, y arrastradas por sus captores por los hielos árticos, sobre los que dejan un reguero de sangre que golpea nuestra conciencia como una bofetada. La divul­gación de estas imágenes desplaza, sin embargo, la responsabilidad de la matanza sobre los cazadores, que no hacen sino ganarse ingratamente la vida atendiendo una vergonzante demanda social. No me cuento entre quienes se visten con abri­gos de piel ni entre quienes ingieren grasa de foca (muy rica en ácidos omega 3) para mantenerse saludables; pero calzo zapatos de suela y me gustan mucho los torrez­nos, y sé que para satisfacer mis preferen­cias indumentarias o alimenticias es pre­ciso matar vacas y cerdos, que quizá sean sacrificados de un modo más aséptico que las focas, pero que a cambio sobrellevan una vida estabulada e ignominiosa que, si fuese retratada por las cámaras, agrediría igualmente mi sensibilidad.

La matanza de focas es justificada por el Gobierno canadiense aduciendo que más de cinco mil familias viven en el país de la comercialización de sus pieles y su grasa; y también recordando que, si cada año no se levantara la veda, la población

de focas alcanzaría tal plétora que los ecosistemas marinos sucumbirían. Los pescadores de la zona avalan las razones del Gobierno canadiense, certificando que las focas esquilman los bancos de peces. Ignoro si tales aseveraciones son ciertas; pero parece evidente que en la divulgación de imágenes sobre la matanza de focas subyace un fondo de fariseísmo: quizá el mismo periódico que las divulga publica en la página contigua un anuncio de una firma de moda que emplea la piel de foca en sus colecciones o de una em­presa láctea que incorpora aceite de foca en sus productos. Nadie podrá negar, sin

embargo, que tales imágenes poseen un impacto de indudable valor informativo; y es aquí, precisamente, donde los medios de comunicación delatan un grado más abyecto de hipocresía, pues existen otras formas de crueldad más monstruosas y extendidas que, sin embargo, ocultan sis­temáticamente. La más evidente de todas ellas es la crueldad del aborto, que cada año cercena la vida de millones de vidas humanas gestantes mediante los métodos más ensañados. Vidas como las que hace unas semanas mostraba esta revista, en un hermoso reportaje sobre niños nacidos prematuramente.

El crimen del aborto arroja ante nues­tros ojos la pesadilla de una sociedad sa­turnal que devora a sus propios hijos. Pero si esa pesadilla no se detiene es precisamente porque nuestros ojos no reparan en ella, porque los medios de comunicación que tan prestos están a divulgar las imá­genes de la matanza de focas en los hielos árticos se niegan a divulgar las imágenes de los niños gestantes que son masacra­dos en esos mataderos industriales lla­mados, con oxímoron sarcástico, 'clínicas abortivas'. Los medios de comunicación han hecho de la contemplación de esas criaturas tachadas alevosamente del libro de la vida un tabú infranqueable, infrin­giendo el deber informativo que justifica su misión. Resulta escandaloso que en la sociedad de la imagen, donde todo se expone a la vista, donde no hay ámbito de la realidad que quede libre de escrutinio, donde la divulgación de las más diversas atrocidades es aceptada cuando la ani­ma un afán de denuncia, se mantenga la prohibición de mostrar el exterminio de esos pequeños a quienes la muerte visita justamente allí donde la naturaleza ha querido que estén más protegidos: en el vientre de su madre. Resulta escandaloso que las sociedades avanzadas, que están dispuestas a rebelarse contra cualquier atisbo mínimo de censura, acepten sin embargo este tabú, condenando a la oscuridad una realidad que debería remover nuestra conciencia mucho más que la ma­tanza de focas en los hielos árticos.

Quizá por ello mismo la condenamos a la oscuridad. La exhibición de las matan­zas de focas nos permite derramar alguna lagrimilla y fingir hipócritamente que seguimos siendo humanos. La exhibición de las matanzas de niños gestantes nos helaría la sangre en las venas y nos con­firmaría que hemos dejado de serlo.



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