domingo, 13 de julio de 2008

MANUEL PIZARRO 1 DE 5

Comenzamos a exponer aqui 5 videos pequeños que componen la entrevista que ayer día 12 le hicieron a D. Manuel Pizarro en Television Intereconomía. A dicha entrevista estaba también convocado el Ministro Sr. Solbes que no acudió.

MANUEL PIZARRO 2 DE 5

Incluimos aquí el video 2 de 5 de Manuel Pizarro.

MANUEL PIZARRO 3 DE 5

Metemos el video 3 de 5.

MANUEL PIZARRO 4 DE 5

Traemos el video 4 de 5

MANUEL PIZARRO 5 de 5

Ayer, día 12, en Televisión Intereconomía le hicieron una entrevista a D. Manuel Pizarro, que reproducimos aqui en 5 pequeños videos. Este es el 5 de 5

sábado, 12 de julio de 2008

LA CULTURA DE LA MUERTE LA EUTANASIA



















Del blog La opinion de un ciudadano he tomado el siguiente texto relativo a la eutanasia

E l doctor Luis Montes ha distribuido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, de Santander, un manifiesto para pedir la legalizaciòn del "suicidio asistido" y la eutanasia activa. El manfiesto acaba con una frase de la Biblia (del enemigo, el consejo): "Todo tiene su tiempo… tiempo para nacer tiempo para morir"


Hace un año, después de que el doctor Montes fuera imputado por supuestas sedaciones irregulares en el Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés a finales de 2003 y principios de 2004, el juez dictaminó "mala práctica médica" pero archivó el caso por falta de pruebas: no se puede probar el delito por no haber autopsias. "Varios pacientes han muerto tras mala práctica médica a la hora de sedarles", señala, pero «hay una duda que no puede despejarse: los pacientes pudieron morir o por la sedación indebida o por su enfermedad inicial y esto, para exigir responsabilidad penal, ha de quedar claro». En ese momento, en que Montes fue arropado incluso por el presidente del gobierno, intenté encontrar en la red qué pensaba el Doctor Montes de la Eutanasia. Tarea imposible. Esos años, incluso los meses posteriores al sobreseimiento del caso, en que las sedaciones terminales olían a práctica de eutanasia, eran tiempo de callar. Hemos tenido que esperar un año para que Montes se quitara la careta y dijera sí a la Eutanasia.

Dice el Doctor Montes en su Manifiesto quiere que haya debate y que hay tiempo para nacer y tiempo para morir. Pero morir es distinto de matar. Eutanasia es matar y sobre todo, involucrar a un tercero en tu muerte. Por motivos supuestamente humanitarios, con aceptación del paciente, pero al fin y al cabo, matar. Si hablamos con rigor hay más posibilidades de llegar a la verdad en el debate.




viernes, 11 de julio de 2008

GRAMÁTICA








Don Francisco Rodríguez Adrados nos recomienda el estudio de la Gramática:

Estudien gramática,

señoras y señores

... «Los miembros» de un partido o grupo son hombres y mujeres, forman simplemente un conjunto, ese masculino no es machista. No sean tan susceptibles por un malentendido, señoras. No se puede improvisar sin base social y sin conocimiento.

LA ministra Aído se ha ido un poco de la len­gua con ese invento de «las miembras». Es parte del invento feminista, que hasta apo­yan algunos hombres: intentan, y a veces Ib con­siguen, suplantar al verdadero creador y mante­nedor de la lengua, el pueblo español.

El invento es más o menos esto: todo nombre substantivo tiene o debe tener, creen las promoto­ras del invento, una variante masculina en —o y una femenina en —a; y esas marcas de género son interpretadas como marcas de sexo. De ma­cho y hembra, hablemos claro.

Esta es la teoría, bien diferente, muchas ve­ces, de la lengua común, la que hablamos. En es­ta, a veces ello es así, el lobo y la loba marcan gé­nero y sexo. Pero a veces no, la zorra y el murciéla­go indican indiferentemente el macho y la hem­bra, igual el zorro, la rata, el ratón. Son los nom­bres epicenos. Ni —o es exclusivamente masculi­no, ni —a es exclusivamente femenina. Y mil pa­labras en —n, —r, —s, por ejemplo, pueden ser o masculinas o femeninas y marcar sexo o no. Ex­clusivamente femenino, indicando al tiempo sexo, es el sufijo —esa (duquesa, princesa), un sufi­jo griego, ya ven.

En fin, dentro de lo humano, el crear una va­riante de hombre y otra de mujer, es mil veces in­necesario, puro engorro.

En español, como en casi todas las lenguas in-doeuropeas-de Europa y Asia que conservan los géneros masculino y femenino (los han perdido, entre otras, el inglés), esos dos géneros poco tie­nen que ver con el sexo: la —o y la —a pueden ser no sexuales (el banco y la banca, el barco y la bar­ca). Y las cejas, los labios, las espaldas, los miem­bros (¡!), y sus singulares, son de hombres y muje­res, también, a veces, de animales de cualquier sexo.

Al revés: algún órgano propio del sexo femeni­no termina en —o, es bien notorio, y hay órga­nos masculinos en —a (no vamos a decir el pollo aunque el inglés diga the cock).

Ignacio Bosque me decía que en la Sintaxis que prepara la Academia cientos de páginas in­sisten en que sexo y género son cosas diferentes. la marca del sexo en nuestra lengua, a través de los géneros, es irregular y deficiente. El mas­culino puede llevar —o o—a y marcar o no mar­car el sexo, uno u otro sexo. Hay el niño y la niña, sí, y aquí la concordancia (el artículo y el adjeti­vo) subrayan el género, que indica sexo en este ca
so, en otros no. Pero los niños implica los dos sexos, suma de niños y niñas. En el artista y la ar­tista, el poeta y la poeta, solo la concordancia defi­ne género y sexo. hay las mil palabras que vienen de la tercera declinación latina y no tienen género sino con
ayuda de la concordancia (el/la estudiante, pero los estudiantes). A veces se ha introducido, secun­dariamente, un femenino con —a (lajueza, pero la gente en general prefiere la juez). Ven el com­plejo panorama.

Complejo panorama que viene de una comple-

ja historia, imposible explicarla aquí: hay que aceptar sin más lo que nos ha traído, solo míni­mos retoques pueden introducirse, véase luego. No este. Miembro viene del latín membrum, del gé­nero neutro, el que no marca «ni lo uno ni lo otro». Resto, los neutros, de una época arcaica en que la lengua tenía un género animado y uno in­animado. Este último se conservó a veces cuan­do, en fecha posterior, el animado se escindió en masculino y femenino: a veces sexuales, a veces no, no es fácil averiguar por qué. Pero con toda clase de irregularidades en lo formal y lo semán­tico.

Una parte de estos nombres que llamamos masculinos no eran ni sexuales ni genéricos. Tie­nen dos sentidos. Uno general, heredado, así el ni­ño en sentido general: la vecina ha tenido un niño, no indicamos el sexo, los niños (= niños + niñas) en plural. Otro sexual, el niño por oposición a la niña. Son dos usos que hacen mal los gramáticos llamando a ambos «masculino». O sea, no es-que el masculino «invada» al femenino, es que hay un masculino general, indiferente al sexo, y un mas­culino sexuado, que históricamente procede de una polarización frente al sexo femenino.

Este es el nuevo género-sexo que se creó: el feme­nino fue el verdadero invento, el punto de par­tida para oponerle un masculino. En el tercer mi­lenio antes de Cristo. Perdura en español y en mu­chas lenguas.

Pero fue una sexualización solo parcial. Si aho­ra alguien cree que todo masculino es macho y que a cada uno hay que oponer, inventándolo si es preciso, un femenino-hembra, está sexualizando la lengua, llevando el sexo a todas partes: a donde la lengua, muchas veces, no lo lleva. Crea Des­igualdad (todo es macho o es hembra), la lengua a veces mantiene la Igualdad, ignorando el sexo.

El español y otras lenguas han heredado un es­tado antiguo, en el que masculino y femenino a veces nada tienen que ver con el sexo. Y en el que no existe regularidad formal para expresar el masculino o femenino ni, menos, el macho y la hembra.

Esto ocurre en español y en casi todas las len­guas indoeuropeas de Europa. Salvo en las que, co­mo el inglés, eliminaron en un momento dado su masculino y femenino medievales (el sexo lo mar­ca ahora raramente mediante recursos nuevos). Ycomo el inglés no tiene género gramatical, la pa-labragender no indica nada gramatical y queda li­bre para especulaciones sexuales. Aquí en Espa­ña llaman género, incorrectamente, al sexo, mal-traduciendo gender. Ya sé que el género es difícil: el que quiera entenderlo, que estudie gramática, el que no, que hable simplemente nuestra lengua. Esta conserva cosas surgidas en otras edades y que hemos de aceptar como hechos crudos. La creación de esa oposición masculino/femenino, muy compleja, en el tercer milenio antes de Cris­to, dejó vivas formas que no entran en la oposi­ción de género ni menos en la de sexo.

No hagamos una nueva regulación pansexua-lista, con el macho y la hembra reflejándose siem­pre en la lengua con formas regulares. ¡Qué obse­sión! Esto no es así. Y lejos de llevar a la igualdad, lleva a una visión de la lengua y el mundo escindi­da siempre en dos sexos. Sin embargo, a veces el macho y la hembra son simplemente humanos.

No cometamos este error, no inventemos un nuevo esperanto.

Pero la lengua no es inmutable, digámoslo por si es un consuelo.

Cuando la evolución social ha hecho crecer el papel de las mujeres en ciertos sectores, junto al uso genérico no sexual tiende a crearse uno sexual: la ministra, la secretaria.

No sin problemas: muchas mujeres prefieren ser lla­madas médico y no médica, poeta y no poetisa. Y no se pueden crear a tontas y a locas femeninos que la sociedad no reclama.

Ni negar el uso no sexual, común, y sustituir los funcionarios por los funcionarios y las funcio­narías, esto es tonto e inútil, destroza la econo­mía de la lengua. Es grotesco.

Más podría añadir. En todo caso, miembro no cabe en el esquema del cambio, no hay base so­cial alguna. Los miembros de un partido o grupo son hombres y mujeres, forman simplemente un conjunto, ese masculino no es machista. No sean tan susceptibles por un malentendido, señoras. No se puede improvisar sin base social y sin cono­cimientos.

Lean gramática antes de hacer prédicas, Sras. y Sres. No juzguen ni decidan tan deprisa, no va a seguirles nadie. En la jungla del género y en la del sexo, solo en parte la misma, no introduzcan especies raras, plantas artificiales e innecesa­rias. Un estorbo más bien. Puro sexismo.

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS

de las Reales Academias Española y de la Historia

jueves, 10 de julio de 2008

DEFENSA DE LA LENGUA COMUN







Traemos aquí un interesante artículo de D. Pedro González-Trevijano, Rector de la Universidad Rey Juan Carlos, relacionado con la lengua común.

El porqué

del Manifiesto

... Estas dos son las razones que justifican su respaldo. La primera, el derecho de todo español, con independencia del lugar de residencia, a utilizar el castellano, en tanto que lengua común y oficial del . Estado. La segunda, la violación flagrante de la Constitución y las leyes. Todo lo demás ni es la cuestión en litigio ni se encuentra en peligro. ¡No nos dejemos confundir!...

LA noticia más sobresaliente de los últimos días es la presentación del Manifiesto por la Lengua Común en el Ateneo de Madrid. Una acción avalada por una pléyade de destacados inte­lectuales de las más variadas ramas del conoci­miento. Una pertinente proclama en defensa del de­recho de todo español al uso del castellano como lengua común. Un ejemplo de lo que se echa en fal­ta en esta languideciente España constitucional: la participación decidida de una diletante sociedad civil y un compromiso comprometido de sus inte­lectuales, al que se han ido adhiriendo, paulatina pero imparablemente, personas de toda condición. Por más que, como era tristemente previsible, lo que debía ser una «política de Estado», ha termina­do, por razones partidistas, por politizarse. No pue­de entenderse de otra forma que despierte recelos el derecho de usar el castellano como lengua co­mún y oficial, el derecho de los ciudadanos que lo deseen a ser educados en lengua castellana, el dere­cho en las Comunidades bilingües a ser atendidos institucionalmente en las dos lenguas oficiales, la posibilidad de rotular los edificios y vías públicas en ambas lenguas y la acción de los representantes políticos a utilizar el castellano en sus funciones institucionales.

Los Manifiestos —cualquiera que sea la denomi­nación—siguen pues bien presentes. Desde los más religiosos, como los Diez Mandamientos de Moisés del Monte Sinaí y las Bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, hasta las proclamas revoluciona­rias del siglo XVIII: laDeclaración de Independencia americana en 1776 o la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Sin ol­vidar el Manifiesto Comunista de 1848 o, entre noso­tros, el Manifiesto de Manzanares de Cánovas del Castillo en 1854, el Manifiesto Andalucista de Córdo­ba de 1919 o élManifiesto de los Intelectuales Españo­les en Defensa de la II República en 1931.


He leído toda clase de argumentos sobre nues­tro Manifiesto por la Lengua Común, y su justi­ficación me parece oportuna. Llevamos demasia­dos años avalando, ya sea por activa concesión o por pasiva dejación, un arrinconamiento del caste­llano como lengua común en muchos lugares de Es­paña. Lo que comenzaba tolerándose en Cataluña y el País Vasco finalizaba por extenderse mimética-mente a Galicia e Islas Baleares, y no sé lo que tarda­rá en suceder en la Comunidad Valenciana. Unos te­rritorios donde una excluyente política lingüística, ya sea defacto o de iure, ha cercenado la posibilidad real de su uso. Una lengua que se posterga en las Ad­ministraciones Públicas, se relega en la vida profe­sional, se desdeña en la actividad económica, se eli­mina de las calles y se posterga en la enseñanza. Ello con el beneplácito o la indiferencia de unos acomplejados poderes públicos nacionales incapa­ces de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Estas dos son las razones que justifican su respaldo. La primera, el derecho de todo español, con independencia del lugar de residencia, a utili­zar el castellano, en tanto que lengua común y ofi­cial del Estado. La segunda, la violación flagrante de la Constitución y las leyes. Todo lo demás ni es la cuestión en litigio ni se encuentra en peligro. ¡No nos dejemos confundir!

Nunca me he considerado lo que hoy denominan algunos interesadamente nacionalista español. Me siento español, mientras me siento simultáneamen­te riojano y andaluz, mis dos raíces familiares. No ejerzo perfil expansionista, ni fagocitador de nada. Tampoco anhelo jacobinamente uniformidades in­deseables. Me encuentro cómodo, dentro de las sin­gularidades de nuestros territorios. Viajo frecuen­temente al País Vasco y, sobre todo, a Cataluña, don­de disfruto de excelentes amigos y despliego relacio­nes institucionales fluidas. Y no he tenido nunca problemas para comunicarme en ningún estableci­miento comercial. Dichas sociedades, salvo excep­ciones, son mayoritariamente bilingües y toleran­tes. La exclusión proviene de cierta clase política.


Y, por lo demás, y a pesar de los excesos en la construcción del Estado de las Autonomías, re­conozco sus bondades. Basta con pasear por nues­tras ciudades para percibir su desarrollo económi­co, mientras soy un convencido de la riqueza cultu­ral de las lenguas de España. Me encantan, por ejemplo, la prosa de Alvaro Cunqueiro y los poemas de Pere Gimferrer. Aunque no pueda desconocer ciertos excesos: la rácana postergación de los ele­mentos comunes y la exaltación de los nimios dife-renciadores, las burdas y graves deslealtades de al­gunos, la abdicación de las potestades estatales, las injustificadas duplicidades administrativas, la hi­pertrofia autonómica institucional y sus altos cos­tes económicos. Pero aun así, las cosas no han fun­cionado mal, por más que siga pendiente la necesi­dad de cerrar el múdelo de Estado —tras la reforma de la Constitución—, pues no hay sistema político que soporte las tensiones de las inagotables recla­maciones centrífugas competenciales. Pero ésta es otra cuestión.

Dicho esto, tampoco está en juego la superviven­cia del castellano. Una lengua libre y cosmopolita hablada por casi 450 millones de personas en todo el mundo. Basta con desplazarse a México, ir a Brasil, acercarse a las más prestigiosas universidades americanas, estudiar en centros europeos de exce­lencia, incluso desplazarse a China y la India, para constatar su fortaleza presente y su mejor futuro. La reciente creación del Centro Internacional del .Español en Comillas así lo atestigua. «El español —ha dicho Cees Nooteboom— es un idioma enor­me». Aquí lo que está en juego es diferente.

Nos referimos a otra cosa: a la tutela de un derecho que afecta a personas, a una libertad individual de naturaleza constitucional. Así se prescribe en el artículo 3.1 de nuestra Carta Magna de 1978 – siguiendo la progresiva estela de la Constitución de la II República—: «El castellano es la lengua españo­la oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla». Una regu­lación que debía satisfacer, como indicó pronto el Tribunal Constitucional, el deber individualizado de conocerlo y la presunción de que todos los espa­ñoles lo conocen (STC 82/1986). Una realidad im­practicable para muchos padres que no pueden esco­ger la lengua común en que educar a sus hijos, la cre-

cre­ciente imposibilidad práctica de su ejercicio en la vi­da oficial y su defectuoso conocimiento por los jóve­nes. Un derecho afectado por una política lingüísti­ca excluyente. Una «acción de falsa normalización» políticamente ruin, económicamente disparatada, socialmente injusta y educativamente suicida.

En tal contexto, el castellano no puede desple­gar su función de lengua vehicular común, de ex­presión normal entre los ciudadanos y sus Admi­nistraciones públicas. Al tiempo que exterioriza la incapacidad del Estado para cumplir otro mandato constitucional: el aseguramiento del principio de igualdad de todos los españoles (artículos 14 y 149.1.1 CE), lo que provoca que las familias que lo de­seen no puedan escolarizar a sus hijos en nuestra lengua común. Una circunstancia especialmente grave para quienes disfrutan de escasos recursos económicos. ¡Los derechos son de las personas, no de las lenguas ni de los territorios!


La segunda razón para avalar el Manifiesto es lo que supone de denuncia de reiterada infrac­ción de la Constitución y las leyes. Los ciudada­nos y los poderes públicos están sometidos, como dice el artículo 9.1 de la Constitución, a lo dispues­to en ellas. Especialmente estos últimos, con «un deber positivo de los titulares de los poderes públi­cos de realizar sus funciones de acuerdo con la Constitución» (STC 101/1983). Montesquieu seña­laba la importancia de su respeto: «La libertad es el derecho a hacer todo lo que las leyes permiten, de modo que si un ciudadano pudiera hacer lo que las leyes prohiben, ya no habría libertad, pues los demás tendrían igualmente esta facultad». De es­to es de lo que hablamos.

PEDRO GONZALEZ-TREVIJANO

Rector de la Universidad Rey Juan Carlos

martes, 8 de julio de 2008

LA CULTURA DE LA MUERTE EL ABORTO












El 10 de Julio copiamos al final un artículo de Juan Manuel de Prada "Palpando progresismo", relativo a la cultura de la muerte.

El ABC de hoy, en su pagina 16 publica el siguiente articulo.

“El Gobierno mete a la sociedad «en un macabro viaje hacia la cultura de la muerte”

La Iglesia denuncia la reforma de la ley del aborto CiU dice que Zapatero aborda temas que dividen.

Artur Mas Líder de CiU: «El PSOE está jugando con cosas que afectan a la conciencia personal o individual únicamente para mantener el clásico enfrentamiento entre la izquierda y la derecha». «Algunos lugares de España se han convertido en el paraíso del aborto».

Leopoldo Vives Conferencia Episcopal: «El Gobierno está metiendo a la sociedad española en un macabro viaje hacia la cultura de la muerte». «Se debe educar en un ejercicio responsable de la sexualidad y dar alternativas a las mujeres embarazadas. Cada aborto es un fracaso de la sociedad».

Beatriz Mariscal Presidenta de AVA: «Con una ley de plazos se abortará muchísimo más, puesto que no habrá ningún control que descarte que la mujer no esté siendo coaccionada o violentada a abortar».

«El síndrome postaborto será cada vez más permitente y el drama mucho peor».

Ignacio Arsuaga Presidente de Hazte Oír: «A los socialistas les parecen que son pocos los más de 100.000 abortos anuales actuales. Por eso quiere hacer una ley que haga que ir a abortar sea como ir al callista».

«No vamos a quedarnos callados en la defensa del derecho a la vida de los no nacidos».

El Gobierno mete a la sociedad «en un macabro viaje hacia la cultura de la muerte»

D. PÉREZ/M. J. CAÑIZARES

. MADRID/BARCELONA.

La intención del Gobierno de convertir a toda velocidad la ley del aborto en una ley de plazos -aborto libre hasta una semana concreta de embarazo, que se situaría entre la 14 y la 22- provocó ayer la reacción de la Iglesia, del líder de CiU, Artur Mas, y de la totalidad de las organizaciones pro vida.

Leopoldo Vives, director de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, señaló, en declaraciones a Ep, que el Ejecutivo «está metiendo a la sociedad española en un macabro viaje hacia la cultura de la muerte» al poner el aborto y la eutanasia como «banderas de su acción de gobierno. Me atrevo a decir que lo próximo que nos propondrán será el infanticidio de niños con enfermedades graves».

Para Vives, una ley que facilite el aborto no es la solución, al igual que tampoco lo fue el «divorcio exprés». «La sociedad debe educar en un ejercicio responsable de la sexualidad y dar alternativas a las mujeres embarazadas, que muchas veces no quieren ir a un aborto muy traumático para ellas. Por eso cada aborto es un fracaso de la sociedad», dijo.

«Verborrea de izquierdas»

Por su parte, el líder de Converg_ncia Democràtica de Catalunya (CDC), Artur Mas, criticó al presidente del Gobierno por utilizar cuestiones como el aborto o la eutanasia «de forma chapucera» para dividir a la sociedad. Mas considera que la falta de proyecto de los socialistas se ha traducido en «una verborrea de izquierdas» en la que «se habla de todo menos de economía». El dirigente nacionalista reprochó a los socialistas que en su congreso se haya «jugando con cosas que afectan a la conciencia personal o individual únicamente para mantener el clásico enfrentamiento entre la izquierda y la derecha. Seguro que hay cosas más prioritarias. Buscan la rentabilidad partidista y no la rentabilidad de país».

Según Mas, el PSOE «es el partido con más poder y que menos ideas tiene». El secretario general de CDC avanzó que en el congreso que su partido celebrará el próximo fin de semana se abordará, aunque no de forma prioritaria, el debate sobre el aborto, pero desde la óptica de que «ya existe una ley que regula esa materia». En este sentido, denunció que actualmente se están cometiendo muchas ilegalidades y «algunos lugares de España se han convertido en el paraíso del aborto. Se trata de una cuestión muy sensible que va más allá de las izquierdas y las derechas». El líder convergente advirtió de que «el problema de inconsistencia» del proyecto socialista dificulta el entendimiento entre ambas formaciones, lo cual complica acuerdos parlamentarios, como es el caso de los Presupuestos Generales del Estado.

Beatriz Mariscal, psicóloga y presidenta de AVA (Asociación de Víctimas del Aborto), señaló que «el gobierno quiere cambiar la Ley actual del aborto porque por fin hay numerosas mujeres que se han atrevido a hablar y a denunciar su síndrome postaborto. Creemos que los psiquiatras que firman los certificados que justifican el aborto por la salud psíquica (el 99 por ciento de los que se realizan), están haciendo malabarismos conceptuales para meter el caso en el supuesto. Además, es insostenible el supuesto de aborto por tener un hijo diferente o discapacitado», añadió.

La experiencia de otros países

«Por eso -agregó-, van a abrir más aún el aborto con una ley de plazos, de forma que se presione y manipule más fácilmente a la mujer. El Convenio de la ONU, que obliga a quitar leyes discriminatorias, está ya vigente desde el 3 de mayo de 2008, y España es uno de los Estados firmantes». «Con una ley de plazos -señaló- se abortará muchísimo más, puesto que no habrá ningún control que descarte que la mujer no esté siendo coaccionada o violentada a abortar. En todos los países donde se ha puesto una ley de plazos, el aborto ha sido cada vez más numeroso y el síndrome postaborto cada vez más prevalente en esa sociedad. Por tanto, el drama sería mucho peor».

Y es que, como señala Ignacio Arsuaga, presidente de Hazte Oír, «da la impresión de que a los socialistas les parecen que son pocos los más de 100.000 abortos anuales actuales. Por eso quiere hacer una ley que haga que ir a abortar sea como ir al callista».

Para Arsuaga, al PSOE «poco le importa que con la nueva ley que prepara vaya a «contradecir a la Constitución Española, porque ya lo ha hecho más veces, como con los estatutos de autonomía». Destaca que tiene tres objetivos: «Transmitir una supuesta imagen progresista; acorralar al PP, al que ahora no le interesa llevar a la arena política la defensa de la vida, y, por último, contentar a sus amigos, los multimillonarios empresarios dueños de las clínicas abortistas». Igualmente, avisa de que los grupos pro vida «nos vamos a movilizar. No vamos a quedarnos callados en la defensa de los no nacidos, cuyo derecho a la vida ha sido reconocido por el Tribunal Constitucional».

En esta línea, el presidente internacional de Médicos Católicos, Josep María Simón, denunció la doble moral del Gobierno: «Por una parte se dice que ninguna mujer aborta por gusto o que el aborto es muy traumático para la mujer; por otro lado, se las deja sin asistencia, tanto a las que abortan (síndrome del postaborto) como a las que tienen el niño (mínimas ayudas públicas)».

Asimismo, Simón tildó de «grotesco» exigir a los jueces de los casos judiciales en curso que no permitan que se conozca el nombre de las mujeres que han abortado y ocultar que se han encontrado muchas veces papeles con el nombre de esas mujeres en las basuras de las clínicas abortistas, como pretende De la Vega.

Juan Sánchez Galera, portavoz de la Plataforma la Vida Importa, insistió en que «hace falta un partido político que defienda el derecho a la vida como principal derecho humano, porque si no, el PSOE seguirá haciendo lo que le dé la gana y cambiará la ley del aborto».

Anuncios Google

Ecógrafos Telemed
Ecógrafos basados en pc portátil. Altas prestaciones en ecografia.
www.bside-ms.es

Civte 902 135 777
Pioneros en Andalucia 23 años 3875 niños Primera visita gratuita
www.civte.com

Acupuntura Nativos Madrid
Expertos chinos, discípulos grandes maestros, múltiples especialidades
www.acupunturaguangchi.com

Fotos y Videos
Relájate y mira un Video! Y mucho más. Sin registro
100links.com/video


El Angulo Oscuro

Palpando progresismo

DICE José Antonio Alonso, portavoz socialista, que en el congreso que su partido acaba de celebrar «se palpa una orientación progresista». Sólo que, si palpas mucho, sales con las manos tintas de sangre. Los so­cialistas apuestan por una «reforma vanguardista» de la ley del aborto que «garantice la seguridad jurídica de las mujeres que deciden abortan) y su “derecho a decidir”. Desde luego, Hannibal Lecter no hubiese formulado una apología más refinadamente eufemística del cani­balismo que la que los socialistas nos ofrecen so­bre el aborto. A abortar a mansalva, sin más impe­dimento que la fijación de un plazo arbitrario de gestación, lo llaman «reforma vanguardista»; a la impunidad del delincuente la bautizan «garanti­zar la seguridad jurídica»; a un delito tipificado lo denominan, en el colmo de la socarronería, «dere­cho a decidir». Hay que tener, desde luego, una jeta como la de Leatherface, el virtuoso de la sierra eléctrica en La matanza de Texas, para adulterar el lenguaje de un modo tan burdo y feroz.

Tales adulteraciones burdas serían, por supuesto, inve­rosímiles si no las precediese ese ofuscamiento de la con­ciencia moral del que ya nos previno Isaías: «¡ Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!». Desde luego, emplear un criterio de plazos para establecer cuándo un delito con­tra la vida no debe ser castigado es una aberración jurídi­ca (y científica) que no se sostiene ni aunque nos ponga­mos las botas a palpar progresismo: hace cincuenta años, un feto era viable cuando había completado siete meses de gestación; hoy lo es cuando ha completado tan sólo veinti­dós semanas; dentro de cincuenta años, tal vez lo sea cuan­do apenas haya sido concebido. Si a alguien se le ocurriera establecer que el asesinato de ancianos a partir de los se­tenta años, o de niños hasta los catorce, quedase impune lo encerraríamos en el loquero; pero a alguien se le ocurre es­tablecer un criterio cronológico igualmente demencial en el aborto y se nos antoja que el tío está palpando progresis­mo a manos llenas. Lo de establecer garantías específicas de seguridad jurídica para las mujeres que abortan es otra aberración jurídica que provocaría nuestra hilaridad, si no fuera porque la jeta de Leatherface infunde más bien es­panto. Nuestro ordenamiento ya establece todas las garan­tías jurídicas y procesales habidas y por haber: presun­ción de inocencia, tutela judicial efectiva, asistencia de le­trado, etcétera. El fraude de ley, la connivencia con el delin­cuente, el amparo de la impunidad deben tratarse, pues, de garantías «vanguardistas» que sólo comprendes si te po­nes ciego a palpar progresismo.

Pero cuando hay que palpar progresismo has­ta clavar las uñas es cuando determinas que un de­lito tipificado puede convertirse, por arte de birli­birloque, en «derecho». Norberto Bobbio, el gran fi­lósofo y jurista turinés, lo estableció tajantemen­te: «Hay tres derechos. El primero, el del concebi­do, es fundamental. Los demás, el de la mujer y el de la sociedad, son derivados. Además, y para mí esto es el punto central, el derecho de la mujer y el de la sociedad, que son de ordinario adoptados pa­ra justificar el aborto, pueden ser satisfechos sin recurrir al aborto, es decir, evitando la concepción. Una vez ocurri­da la concepción, el derecho del concebido solamente pue­de ser satisfecho dejándolo nacer». Pero, para palpar pro­gresismo en condiciones y ponerse las manos tintas de san­gre, más aconsejable que la lectura de Bobbio resulta la de La filosofía en el tocador, de Sade, donde una pionera del pro­gresismo fetén imparte la doctrina que este congreso so­cialista hace suya: «Somos dueñas de lo que llevamos en el seno, y no hacemos más mal destruyendo esa especie de materia que purgándonos de otra con medicamentos cuan­do tenemos necesidad. (...) Hemos comprendido que una criatura más o menos sobre la tierra no comporta gran di­ferencia y que nosotras nos convertimos, en una palabra, en dueñas de ese pedazo de carne no de forma distinta a co­mo lo somos de las uñas que cortamos de nuestros dedos, de las excrecencias de carne que extirpamos de nuestro cuerpo o de los productos de la digestión que evacuamos de nuestras vísceras. (...) Hace falta ser imbéciles para en­contrar el mal en una acción tan indiferente». Hannibal Lecter y Leatherface no lo hubiesen explicado mejor.

www.juanmanueldeprada.com