
Siempre he mantenido que cada chiste de Mingote es un libro. El que ha publicado el ABC de hoy lo demuestra.

AUNQUE frecuentemente aparece su nombre en la prensa científica, quizás el lector pueda preguntarse quién es Craig Venter y que importancia tiene su trabajo. Ya hace unos años, Bill Clinton, entonces Presidente de los Estados Unidos, quiso aparecer con él en la portada de la revista Time; y, de nuevo, que se anunciase en 2003, desde la Casa Blanca y con gran fanfarria, que se conocía la secuencia del genoma humano. Incluso Tony Blair participó en dicho anuncio por video conferencia.
El profesor Venter, gran aficionado al mar, pasó dos años sirviendo en la marina americana en Vietnam, tras lo cual estudió Bioquímica y se doctoró en Fisiología y Farmacología en California. Hombre de gran sentido del humor, decía que su papel principal era servir el café durante las reuniones. Después de unos años como profesor asociado en la Universidad de Búfalo y el Roswell Park Cáncer Institute, se trasladó a los Institutos Americanos de la Salud, en Bethesda.
A consecuencia de la primera reunión internacional que sobre el genoma humano se organizó en Valencia en el 88, mi amigo Cook-Degan, consciente de que era una de las jóvenes promesas en genética, me habló de él, y por eso fui a buscarle a Bethesda.
Así pues, cuando en 1991 se celebró la segunda reunión sobre el Proyecto Genoma Humano, dedicada a la Ética y patrocinada por la Fundación BBV, lo invitamos a que asistiera. He de reconocer que esta segunda reunión en Valencia causó dos hechos trascendentes: promovió el interés de la entonces recién creada Fundación en la genética y las consecuencias de sus descubrimientos; y sirvió para el lanzamiento del joven y, por entonces poco conocido á nivel internacional J. Craig Ven-ter. En dicho simposio participaron, entre otras personalidades de las pocas interesadas entonces en el Proyecto Genoma Humano, Victor Mckusick, James Watson y Walter Gilbert. McKusick ha sido recientemente galardonado con el Premio Japón y está considerado el padre de la medicina génica. Walter Gilbert, Premio Nobel, contribuyó a descubrir cómo se sintetizan las proteínas a partir de grupos de tres bases del ARN, y fue el primero en postular que los orígenes de la vida fueron debidos a la aparición de cadenas de ARN. El impulsivo James Watson, famosísimo por su trabajo sobre la estructura de la doble hélice del ADN, no necesita comentario; así que recordaré que aquélla fue su única visita a España, y que se entrevistó con el Rey, como he comentado en otra ocasión recientemente.
La redacción de las conclusiones de esta segunda reunión sobre el Genoma Humano se le encomendó a Craig Venter, y fue él quien las consensuó trabajando hasta la madrugada, para que se presentaran en la clausura de la reunión, presidida por la Reina Doña Sofía. Ya advertimos entonces, y nos impresionaron a todos su capacidad de trabajo, su imaginación y su pasión por el mar. Re-cuerdoque Venter me propuso que a esta reunión en Valencia ¡viniese todo el mundo en barco!
La tercera reunión sobre el Genoma Humano, celebrada en Bilbao en el 93 y también patrocinada por la Fundación BBV, contó con la presencia de Venter, al que invité a participar como miembro de su Patronato, como recuerda él mismo en su libro «Life Decoded. My Genome: My Life». Por entonces Venter ya empezaba a destacar por sus estudios del genoma viral. En aquella reunión conoció a Hamilton Smith, Premio Nobel por el descubrimiento de los enzimas de restricción, la herramienta que ha permitido dividir la larga molécula de ADN en fragmentos que así se pudieron analizar. Durante una cena Venter convenció al doctor Smith de las posibilidades comerciales de los descubrimientos del Genoma Humano, a las que nadie habíamos hecho mucho caso. Ya había problemas sobre su proyecto de generar patentes antes de que lograra la primera secuencia completa del genoma humano. Por todo ello, no es de extrañar que Craig Venter nos hablara, en dicha reunión en Bilbao, sobre «La rentabilidad de patentar los descubrimiento genéticos». Venter fue tan convincente que el Premio Nobel Smith dejó su Cátedra en la Universidad Johns Hopkins y se fue a trabajar con el joven Venter al Instituto de Ciencias Genómicas que éste había creado en el 92 y, como es sabido, desde entonces siguen trabajando juntos.
Apenas cinco años después de la reunión de Bilbao, se creó Celera con el objeto de realizar el primer mapa completo del genoma humano, proyecto en que naturalmente participó Hamilton Smith.
La fama de Craig Venter se extendió por su desarrollo de tecnologías importantísimas para se-cuenciar rápidamente el genoma, como la llamada identificación de secuencias dianas (EST). Muy simpático y claramente «inconformista», no se lleva bien con otros científicos, incluyendo al también iconoclasta James Watson, quien dijo que lo que Venter hacía con dicha técnica «lo podía hacer un mono». Venter no lo ha olvidado. Su creatividad, diligencia y originalidad en la se-cuenciación, le llevaron a publicar en el año 2003 en la revista Science la secuencia del genoma humano.
Con los años, Craig Venter abandonó Celera y ha creado el Instituto Craig Venter, y se ha dedicado a recorrer los mares en su yate Sorcerer II, analizando genomas de bacterias con el objetivo de conseguir nuevos recursos, especialmente energéticos.
Venter acaba de anunciar el éxito de un proyecto en el que lleva trabajando varios años, la síntesis del genoma de un ser vivo, el de la bacteria Mycoplasma laboratorium, es decir, el primer paso para crear vida en el laboratorio, lo que provocará no sólo importantes avances científicos sino también grandes discusiones éticas y filosóficas. Es la gran noticia, en la que ha estado trabajando mucho tiempo con Hamilton Smith.
Hace unas semanas me telefoneó mi hijo mayor, James, que vive en San Diego, y me dijo que se iba a reunir con Hamilton Smith, a quien conoce por las reuniones de los Jurados de los Premios Rey Jaime I. El profesor Smith se encontraba allí desarrollando una sede de la Fundación Craig Venter.
Por todo lo dicho, esperamos con avidez conocer más detalles del futuro de «la creación de vida» directamente de Venter, que estos días 5,6 y 7 de mayo imparte sendas conferencias en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe de Valencia.
Venter es un asiduo visitante de España, pues, además de participar en las dos últimas reuniones sobre el Genoma Humano, volvió en 1998 cuando se le reconoció con una Medalla de la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados, durante un curso en la Sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Valencia, y hace unos siete años recibió en Oviedo el Premio Príncipe de Asturias, compartido con otros distinguidos investigadores, incluyendo su competidor y poco amigo Francis Collins.
Dada su gran categoría científica y, por tanto, su cada vez mayor número de ocupaciones, es de agradecer, que Craig Venter, posiblemente el biólogo molecular más famoso en la actualidad, venga a pasar unos días a España, para compartir sus ideas revolucionarias con cuantos científicos y estudiantes deseen aprender aspectos novedosos y fascinantes de la genética.
SANTIAGO 6RIS0LÍA
Bioquímico

Varias organizaciones internacionales vinculadas a la ONU aseguran que la Junta Militar birmana pone trabas a la entrada del material humanitario
22.500 muertos por el ciclón en Birmania
Las enfermedades, el hambre y la sed se han convertido ahora en las mayores amenazas para los más de un millón de damnificados en Birmania por el ciclón tropical Nargis, que ha causado al menos 22.500 muertos y unos 40.000 desaparecidos.
Las agencias de ayuda humanitaria, que ya han comenzado a distribuir con cuentagotas el tan ansiado material de emergencia a las víctimas en las zonas más afectadas situadas en el sur del país, han confirmado la necesidad de actuar rápido.
UNICEF ha pedido a las autoridades birmanas que dejen de poner trabas a su trabajo y ha recordado que en estas situaciones, los niños son los más vulnerables a enfermedades como el dengue, cuyo caldo de cultivo son las aguas estancadas que ha dejado el ciclón.
Otros riesgos son posibles brotes de cólera o diarrea crónica procedentes de aguas contaminadas por los miles de cadáveres que se están pudriendo en el calor y la humedad tropical.
La Junta Militar finalmente dio su visto bueno al reparto de 800 toneladas de arroz que el Programa Mundial de Alimentos de la ONU tenía almacenados desde hace días en Rangún, donde la mayor demanda y la especulación han disparado los precios de los artículos de primera necesidad.
Antes, el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick había pedido a la Junta Militar birmana que permitiera la entrada de la ayuda internacional a los damnificados.
"Exhorto al gobierno de Myanmar a que permita a las agencias de cooperación brindar ayuda a aquellos que lo necesitan", dijo Zoellick en un comunicado.
Estados Unidos y la Comisión Europea solicitaron a la Junta Militar que gobierna ese país asiático que facilite la llegada de la ayuda internacional para asistir a los damnificados.
· 22.500 muertos por el ciclón en Birmania
· Turistas españoles en Birmania cuentan los desastres del Nargis
· "La cifra de víctimas será inmensa"
· España envía una ayuda de emergencia de 500.000 euros a Birmania
Lentitud con los visados
Pero las agencias de Naciones Unidas siguen quejándose de la lentitud con la que las autoridades birmanas tramitan en Bangkok los visados de su personal, con lo que se demora su llegada a las zonas donde se les necesita.
Quienes han logrado entrar informan de montañas de cadáveres y destacan la desesperación de los supervivientes.
El pasado martes llegó el primer cargamento de ayuda desde Tailandia, férreo socio del régimen de Birmania, y para esta tarde se esperan otros dos aviones procedentes de la India, que serán descargados a mano, a falta de más medios.
Afectados los altos cargos militares
El ciclón no ha afectado directamente a los altos jerarcas de la Junta Militar, instalados en la recluida nueva capital administrativa de Naypyidaw, diseñada por arquitectos e ingenieros norcoreanos.
Naciones Unidas culpó ayer al régimen birmano del elevado numero de fallecidos por no haber prevenido a la población del peligro del ciclón, cuando éste se aproximaba al país con vientos superiores a los 190 kilómetros por hora.
Birmania (Myanmar) está gobernada por los generales desde 1962 y no celebra elecciones democráticas desde 1990, cuando el partido oficial fue aplastado por la oposición liderada por la Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, unos comicios cuyos resultados jamás fueron reconocidos por la Junta Militar.
Por favor, hay que ayudar.

NI PATRIA,
NI NACIÓN:
LA GUERRA DE
ZAPATERO.
El otro día, en Móstoles, el presidente del Gobierno le hizo, sin querer, un cálido homenaje a la cultura francesa. Fue por casualidad, hay que insistir en ello, puesto que nuestro héroe lo único que sabe de los vecinos del primero (del primero derecha, por más señas) es que al vino le llaman «vin», al pan le llaman «pain» y, sólo por «xoder», como en el chiste del gallego, le llaman «fromage» al queso. Vamos, que se le puede acusar de cualquier cosa, pero llamarle afrancesado resulta improcedente. Antes, tendría que volver a los pupitres del colegio o contratar un profesor particular con cargo al presupuesto. O sea, que lo del homenaje es un decir (los ilustrados lo llamarían una hipérbole) para poner en suerte las palabras que dedicó al Bicentenario el señor Zapatero.
Algunos de entre ustedes habrán leído a George Pérec, autor de una novela magistral —«La vida: instrucciones de uso»— que revolucionó el panorama literario en la segunda mitad de los setenta. Judío por estirpe y parisino por nacencia, Pérec, era un «enfant terrible» con ribetes de genio al que la muerte derribó en su mejor momento. Llegados a este punto (y agradeciendo, muy de veras, su infinita paciencia) el arriba firmante intentará explicar que pito toca ese «monsieur» en relación con el discurso mostoleño. La cosa es que Pérec, estilista y chuleta, en otro de sus libros («La desaparición»: casi trescientas páginas repletas de misterio), se impuso como norma el no emplear la letra «e» y cumplió el desafío al pie de la letra. Si enhebrar cuatro párrafos con todas las vocales llega a ser un tormento, échale guindas al pavo si tienes que apañártelas eliminando una del tintero. Pérec lo consiguió y ahí queda eso. Quedaba, mejor dicho, puesto que, el dos de mayo, el señor Zapatero estuvo inmenso. Se colocó a la misma altura de Pérec, o por encima, incluso, no le restemos méritos.
Pronunciar un discurso sobre la rebelión de un pueblo (primero el de Madrid, luego el de España entera) contra la máquina de picar carne más poderosa de la época y hacerlo constreñido a no usar dos palabras —la patria y la nación— en ningún momento, es un auténtico «tour de forcé» conceptual, es el «rien ne va plus» del escaqueo, es ordeñar al máximo las ubres de la lengua. Una pieza de orfebre y hasta de museo: con menos credenciales se ingresa en la Academia. Coherencia, señores, coherencia; acaban de endilgarnos una lección de coherencia. El pacifismo antropológico que define y moldea la personalidad del presidente resulta incompatible con un hecho de guerra. Y es de cajón (de mico, por supuesto) que la aureola épica que rodea al Conflicto de la Independencia (donde esté un buen conflicto que se quite la guerra) se ha transformado en un telón de purpurina que oculta los valores de la derecha extrema.
Esa España plural que preconiza Zapatero no se inspira en aquella que sepultaba a los gabachos en las cubas de vino de villorrios siniestros (pregunten por «la cuba del francés», porque en Castilla aún quedan). La patria y la nación son herrumbrosas lanzas que ni pinchan ni cortan en un país moderno (lo de las herrumbrosas lanzas fue una agudeza de Benet, el que quería devolver a Soltzhenitsyn a Siberia). La nación de naciones, por lo tanto, es lo que nos vertebra y, en cuanto al patriotismo, vamos que nos matamos (o que nos matan, si se tercia) con el que se despacha en las taquillas periféricas. Ni patria, ni nación. Que por ahí se empieza y se termina por calar las bayonetas.
En un pasaje de la «Meditación de El Escorial» (citado por el profesor Martínez Ruiz al abordar las claves que conectan 1808 con la crisis europea) Ortega y Gas-set comenta una supuesta exclamación de Nietzsche que viene de perillas con la que está cayendo: «¡Los españoles! ¡Los españoles! ¡Querer ser demasiado ha sido su tragedia!». Hace doscientos años, en efecto, los españoles se empeñaron en no dejar de serlo y pagaron con sangre tamaño atrevimiento. ¿Querían demasiado? En opinión de Zapatero, el sucesor de George Pérec, probablemente.
Tomás Cuesta

Hemos venido llamando Transición al proceso que nos permitió sustituir el régimen de Franco y su centralismo autoritario por una Monarquía parlamentaria y el Estado de las autonomías.
Con la Transición quedaron atrás, muchos creímos que definitivamente, un par de siglos de fracasos, de dictaduras y de discordias civiles; España dejó de ser, muchos creímos que definitivamente, un problema congénito que esperaba su solución de Europa y pasó a ser un modelo de solución para muchos países europeos y de otros continentes que accedieron a la democracia en la última década del siglo XX.
A la vista de este éxito rotundo y brillante han ido apareciendo políticos que intentan ocupar la prestigiosa marca «Transición» con ideas o proyectos a los que dan el nombre de segunda transición. No es que me hiera la usurpación por unos recién llegados de una marca política prestigiosa, pero sí me irrita y me preocupa que bajo el rótulo de segunda transición se intente pasar una extraña y confusa mercancía que traiciona la esencia misma de la primera.
La desnaturalización empieza por las bases históricas de nuestra convivencia política, desarrolladas a lo largo de la Transición y cifradas en la Constitución de 1978. Todo edificio constitucional tiene sus cimientos históricos y los del nuestro son los llamados valores de la Transición: la Monarquía, el espíritu de reconciliación nacional, el propósito de no repetir los errores del pasado, la voluntad de mantener un sólido consenso en las cuestiones fundamentales.
Han pasado treinta años y creíamos haber integrado y asumido ya aquellos valores, con la tradición política que arranca de ellos -desde UCD y la alta figura fundacional de Adolfo Suárez y, luego, la prudente pasada por la izquierda de Felipe González, hasta los años prósperos de Aznar.
Muchos creíamos, y vuelvo a utilizar el pretérito imperfecto, que la Transición es, por fin, un referente aceptable para todos los españoles sobre el que asentar el futuro con los necesarios ajustes no esenciales. Un referente que tienen otras naciones (eso son los Padres Fundadores para los norteamericanos, o la etapa victoriana para los ingleses, o el General De Gaulle para los franceses). Y así muchos hacíamos nuestra la respetuosa ironía con la que Umbral ha acuñado el epíteto Santa Transición.
Pero he aquí que la izquierda, vencedora relativa en Marzo de 2004, no se limita al ejercicio normal de una alternativa de Gobierno, sino que, ignorando aquellos valores que muchos habíamos creído asentados, propone una segunda transición y parece como si quisiera edificar el futuro de España sobre los cimientos de la II República.
Es muy significativo, en efecto, que el preámbulo del proyecto de Estatuto catalán, que hoy se discute en las Cortes con el apoyo del Gobierno, cite dos veces la Generalidad de la II República y ni una sola vez la Constitución de 1978; o que cuando se decide a escribir el nombre de España lo haga pegándolo al epíteto de Estado plurinacional. Así como el famoso Proslogion de San Anselmo arranca de la blasfemia religiosa Non est Deus, Dios no existe, para refutarla contundentemente, la nueva transición española parece arrancar de la blasfemia histórica Non est Hispania, España no existe: Sintámonos convocados a refutarla contundentemente también.
Acaba de ver la luz un excelente libro del profesor Álvarez Tardío titulado «El camino a la democracia de España». Trae un prólogo de Rafael Arias Salgado cuyas últimas palabras -que suscribo íntegramente- son éstas: «Habrá que ahondar en la crisis intelectual y programática de la izquierda democrática. Es ella (la izquierda) la que debe renovarse antes de pretender suscitar una segunda transición para modificar las instituciones y las reglas de juego que emergieron de la primera». Y en el texto que sigue el profesor hace un análisis comparativo y riguroso de las dos transiciones políticas del siglo XX: la de 1931, cuya deriva condujo en cinco años a la guerra civil, y la de 1978 cuyo éxito nos ha dado hasta hoy los treinta mejores años de nuestra historia contemporánea. Atribuye el autor el fracaso de la primera al hecho de que sus protagonistas concibieran la democracia como «un sistema político al servicio de un objetivo de transformación revolucionaria de la sociedad española»; y el éxito de la segunda al hecho de que sus protagonistas entendieran desde el principio que «nadie podía arrogarse en exclusiva el título de demócrata, por lo que la participación de todos era imprescindible para elaborar las reglas del juego de una democracia duradera»; y practicaran, además, la «renuncia expresa a defender una memoria histórica que condujera nuevamente al enfrentamiento civil entre españoles».
¡Qué disparate volver la vista con nostalgia desde los brillantes años con los que empieza el siglo XXI hasta los sombríos años treinta del siglo pasado!
Algunos tuvimos el privilegio de saber esto muy pronto. En 1943 me afilié a las Juventudes Monárquicas de Joaquín Satrústegui porque en aquellos tiempos, tan próximos a la guerra civil, decirse partidario del Conde de Barcelona era decir que no se estaba ni con el franquismo triunfante ni con la República derrotada. O, en palabras de Julián Marías, que no se estaba ni con los justamente vencidos en la guerra civil ni con los injustamente vencedores en ella. El Conde de Barcelona propugnaba entonces una tercera vía: la que iba a hacerse realidad, es cierto que muchos años más tarde, en la Monarquía Parlamentaria de Juan Carlos I.
Nada tiene mucho sentido en esta que se proclama segunda transición. Al cumplir treinta años la España de la primera Transición es un país sólido (así lo calificó el presidente Pujol la semana pasada en Madrid) lo bastante sólido para navegar -si gobernado por un buen piloto- este mar de dificultades en buena parte exageradas, cuando no inventadas, que parece amenazarnos.
Nunca segundas partes fueron buenas. Suele citarse como excepción que confirma esta regla el caso de la segunda parte de El Quijote; y, precisamente, al final de ella incluyó Cervantes una copla dirigida a quienes pretendieron ocupar la marca prestigiosa por él registrada. Voy a reproducirla como colofón de estas líneas poniéndola, sin su permiso, en los labios de Adolfo Suárez, autor de la primera Transición, y referida a ella:
«Tate, tate, folloncicos,
de ninguno sea tocada;
porque esta empresa, buen rey,
para mí estaba guardada».
Diciembre de 2005

La mayoría de los muchos libros que, según sus autores, nos ayudan a encontrar la felicidad hace siempre una alusión admirativa y también agradecida a Thomas Jefferson. Como ustedes saben, él fue el responsable de que en la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos se incluyeran como derechos inalienables del ser humano «la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad». Magnífica frase, sin duda, que debería ser la base de toda sociedad moderna, pero su última parte —«la búsqueda de la felicidad»- ha creado un malentendido que, a mi modo de ver, resulta negativo. Primero, me gustaría decir que la búsqueda de la felicidad es un problema que preocupa sólo a sociedades que ya de por sí son bastante felices. Como es lógico, para quienes están penando por dar de comer a sus hijos o por evitar ser víctimas de la injusticia, de la enfermedad o de la muerte su meta es sobrevivir y no tienen tiempo de pensar en otra cosa. Para ellos, por tanto, la felicidad no es un fin, sino una consecuencia que se deriva de lo que les ocurre. En otras palabras, son felices porque ese día han logrado un pedazo de pan que llevarse a la boca o porque han evitado a sus hijos un gran peligro. En las sociedades ricas, en cambio, la felicidad es un fin. La mayoría de nosotros, cuando nos preguntan qué es lo que más deseamos en esta vida, respondemos que ser felices. Y ser feliz en el mundo opulento está casi siempre relacionado con lo que tenemos y, más aún, con lo que tienen los demás. Antes, la comparación (casi siempre desfavorable) con lo que tenía el prójimo no era demasiado aplastante. Porque hasta hace poco, nosotros nos medíamos con nuestros pares y con las personas de nuestro entorno. Así, podíamos pensar, por ejemplo, que éramos más o menos guapos, ricos o inteligentes que el vecino del quinto o que el farmacéutico de la esquina o que nuestro cuñado Pepe. En cambio, ahora, en la era de la información, no nos medimos con nuestros pares, tampoco con nuestros allegados. Nos medimos con lo que vemos en la tele y en el cine. Nos comparamos, por tanto, no con la vecina del quinto, sino con Angelina Jolie; no con el farmacéutico de la esquina, sino con Bill Gates; y no con nuestro cuñado Pepe, sino con Philip Roth. Tal vez les parezca que exagero, pero les aseguro que no demasiado. Es posible que, conscientemente, nadie se mida con estos modelos inalcanzables, pero están ahí y esa sola circunstancia crea un nivel de exigencia personal y también de deseo que no es el que tenían nuestros abuelos. Por todo esto, a mi modo de ver, el hecho de que los librillos de autoayuda que tanto infestan nuestras vidas digan, parafraseando a Jefferson, que la felicidad es un derecho no hace más que añadir leña a la hoguera de nuestra insatisfacción. Consciente o inconscientemente, lo que esas publicaciones intentan hacernos creer es que la felicidad nos es debida, que la merecemos y que, en una sociedad abierta, está al alcance de todos. Para empezar, el primer error reside en una falsa interpretación de la frase de Jefferson. Él nunca dijo que tuviéramos derecho a la felicidad, sino a su búsqueda, lo que implica no una actitud pasiva, sino una muy activa. Por eso, que nadie espere que la felicidad le venga de fuera como un don divino; hay que currársela, como todo en esta vida. Después, está el asunto de las comparaciones. Otra de las falacias de la sociedad moderna es la de hacernos creer que podemos llegar a ser 'Alguien1, con mayúsculas. No, ni vamos a ser Angelina Jolie, ni Bill Gates ni Philip Roth; de modo que no vale la pena perder ni un momento de felicidad en eso. Y por fin está el tema más peliagudo de todos: el de que la felicidad está no en contar lo que uno no tiene, como hacemos todos en esta sociedad ricachona y caprichosa en la que vivimos, sino en contar precisamente lo que sí tenemos. Porque ésa es la gran paradoja del ser humano: cuanto más tiene, más echa en falta aquello de lo que carece; y cuantas más carencias, más aprecia lo que tiene. Pequeñas compensaciones que hacen pensar que no todo es tan injusto en esta vida... ■
www.xlsemanal.com/carmenposadas
XLSEMANAL 13 DE ABRIL DE 2008
.

Un estudio indica que la droga de diseño, también conocida como especial K, debilita con mayor rapidez que medicamentos como el Prozac el centro de las depresiones
Un grupo de científicos ha revelado que la ketamina, un fármaco conocido como anestésico veterinario y utilizado como alucinógeno, puede aliviar la depresión. El especial K, perteneciente a la categoría de las drogas de diseño, y que también puede causar sentimientos de indiferencia, podría allanar el camino a nuevos tratamientos para las personas que sufren depresión, según los investigadores.
El estudio, publicado en Archives of General Psychiatry, demostró que la ketamina restaura la actividad normal de la corteza orbitofrontal, un área del cerebro ubicada por encima de los ojos, cuyo hiperactividad en los depresivos les genera sentimientos de culpa, temor y aprensión según Bill Deakin, director de la investigación.
"Los resultados del estudio nos han brindado una manera completamente novedosa de tratar la depresión y un nuevo camino para entender la depresión", dijo Deakin, neurocientífico de la University of Manchester.
La depresión es una de las principales causas de suicidio y afecta a aproximadamente 121 millones de personas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Anulación del centro de depresión
En su estudio, Deakin y su equipo administraron ketamina intravenosa a 33 voluntarios masculinos saludables y efectuaron controles cerebrales minuto a minuto para ver que sucedía a medida que el fármaco hacía efecto. Las imágenes cerebrales mostraron que la ketamina, también utilizada como anestésico en el campo de batalla, trabajaba rápidamente, manifestó Deakin.
Los resultados fueron sorprendentes porque los investigadores esperaban que el fármaco afectara la parte del cerebro que controla la psicosis, añadió el autor. "Hubo cierta actividad allí, pero más sorprendente fue la anulación del centro de depresión", dijo Deakin.
Investigaciones previas habían mostrado que la ketamina mejora los síntomas en las personas depresivas después de apenas 24 horas, lo cual supera el mes que tarda el Prozac en hacer efecto, pero hasta se desconocía el mecanismo de acción.
Tratamiento alternativo
Los últimos hallazgos dan a los investigadores un blanco específico para diseñar nuevos medicamentos y ofrecen esperanza a muchas personas que no responden al Prozac o a otros fármacos estándar, agregó Deakin.
El Prozac fue introducido en el mercado en 1987 por la farmacéutica estadounidense Eli Lilly and Co y pertenece a una clase de compuestos llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, que actúan regulando la presencia de neurotransmisores en el cerebro. Actualmente no tiene patente y está disponible como el genérico fluoxetina.
"Mucha gente no responde al tratamiento", declaró en una entrevista telefónica Deakin. "Este (descubrimiento) ofrece una vía potencial para tratarlos", concluyó el experto.

Cuando no es posible callar
De todo el terrible caso Mariluz hay un dato que me estremece especialmente, el incomprensible papel que juega en la historia la mujer del pederasta Santiago del Valle. Ahora sabemos que ella fue testigo cómplice de los abusos continuados que el individuo infligía a su hija de cinco años. Como el foco mediático a menudo es estrecho y yo diría que también obtuso, prácticamente no ha habido cobertura de esta segunda infamia, excepto en un interesante artículo de Virginia Rodenas. Gracias a él he podido saber que la actitud de la mujer de Del Valle no es en absoluto un caso aislado, sino que hay muchas historias negras de mujeres encubridoras.
Como en mi infancia yo tuve noticia directa de una situación parecida en la persona de mi mejor amiga, me ha sorprendido (y aterrado) la similitud que existe entre todos los casos. Lo primero que hay que señalar es el trágico pacto de silencio que rodea estas actitudes intolerables. Ni las víctimas, en este caso un niño o una niña, ni los hermanos, que casi siempre lo saben, ni tampoco la madre se atreven a hablar. ¿Las razones? En los dos primeros casos, la respuesta es fácil: el miedo y también la vergüenza. En el segundo, en cambio, los factores que intervienen son de índole más compleja. En el caso de mi amiga, yo fui testigo de cómo actuaba su madre. Era una mujer muy guapa, madre atenta y compresiva, perteneciente a una familia convencional.
Mi amiga, como tantos otros niños, jamás se atrevió a confesarle la verdad más que a través de veladísimas alusiones, pero esta señora tenía una forma muy eficaz de despejar todas las insinuaciones. Consistía en hablar a menudo de la «calenturienta» imaginación de su hija. «Mariana es Antoñita la Fantástica, ni te imaginas las cosas que se le ocurren, seguro que va para escritora», decía, y derramaba sobre su hija y sobre mí una deliciosa sonrisa antes de proponer llevarnos al cine y a merendar.
Los psicólogos que estudian estos casos coinciden en señalar que tan voluntaria (y yo diría criminal) ceguera se debe a dos desgraciados fenómenos. Uno es la dependencia económica que en muchas familias las mujeres todavía tienen de los hombres. La segunda es que el hecho de reconocer que algo tan terrible está ocurriendo es tanto como reconocer que ella ha hecho algo mal. Que ha fracasado como madre, porque no ha sabido proteger a sus hijos. Que ha fracasado como mujer, puesto que su marido se fija en otra, nada menos que en su propia hija. Y, por fin, que ha fracasado como persona, porque su familia y su matrimonio son una farsa que todo el mundo descubrirá cuando se destape el escándalo. Los vericuetos de la mente son tan tortuosos que muchas veces llevan a las peores infamias.
Ahora que el asunto Mariluz ha puesto de relieve el terrible drama de la pederastia, no es superfluo señalar que más del ochenta por ciento de las agresiones sexuales a menores son cometidas por un familiar o conocido de la víctima. De aquéllas, únicamente el quince por ciento se da a conocer a las autoridades y apenas el cinco por ciento acaba en un proceso judicial. De ahí que lo peor sea el silencio. Al igual que en el caso de las mujeres maltratadas, hasta hace poco lo que ocurría de puertas adentro se consideraba un «caso privado» en el que no había que meterse, otro tanto ocurre con los abusos infantiles. Y no hace falta que se trate de abusos sexuales. Hablo también del bullying y de otras humillaciones que los niños sufren en silencio porque no se atreven a hablar puesto que está feo chivarse. Vivimos en una sociedad en la que siempre se ha desdeñado a los que van con el cuento. 'Chivato', 'soplón', 'delator', 'acusica'... hemos inventado multitud de palabras para describirlos, a cual más despectiva. Y, sin embargo, no siempre es posible el silencio, ni mirar hacia otra parte, ni decir no es asunto mío. En estos y en otros sucesos menos graves, a veces hay que implicarse.
Echando la vista atrás, yo también podría haber hecho algo por ayudar a mi amiga y nunca lo hice. Dondequiera que esté, espero que ese terrible secreto que ninguno la ayudamos a sobrellevar sea ya en su vida tan sólo una (aparentemente) lejana pesadilla.
ww.xlsemanal.com/carmenposadas
![]()