miércoles, 21 de mayo de 2008

NUESTRA LENGUA



Dejen tranquila a nuestra lengua

BASTANTES problemas tiene nuestra asen­dereada lengua española (más en España que en América, la verdad) para que la me­tan en el quirófano y la sometan a delicadas ope­raciones en nombre de la igualdad. Pero esto es lo que leo que propone nuestro presidente. Bastan­tes problemas aguardan al niño en la vida para que, además de ellos y de la lengua común que ha­blamos todos, tengan que lidiar con un idioma es­pecial, «el igualitario», lo llamaríamos.

En fin, creía que esa oleada había medio pasa­do. Recuerdo cuando bombardeaban a la Acade­mia con propuestas de estas. Parecía que había escampado. Pero no.

Yo siempre vuelvo a los griegos. Recuerdo aquella anécdota que contaban los cínicos de Jantipa, la mujer de Sócrates. Aburrida de la chácha­ra de los filósofos bajo su ventana, les vertió enci­ma un jarro de agua. Sócrates, imperturbable, co­mentó: llueve, ya escampará. ¡Pero no acaba de es­campar! Y recuerdo cuando Protágoras, el sofis­ta, quería a su vez introducir la igualdad en el lenguaje: «la artesa» era femenina en griego, pero terminaba en —os, él proponía terminarla en a. «El gallo» y «la gallina» se las arreglaban con una sola palabra (como nosotros en el caso de «la zorra» o «el ratón»). Protágoras quería dos palabras. Era un feminista anticipado, pero su amigo Pericles no le hacía caso. En fin, perdonen tanto griego, pero no tengo la culpa. Los griegos eran incordiantes y lo anticiparon casi todo.

Y perdonen que vuelva al tema del género, que me aburre soberanamente. Pero me fuerzan a ello nuestro presidente y nuestras feministas. Lo sabemos todo del género, pero los igualitarios y las igualitarias saben poco. No saben, por ejem­plo, parece, que los problemas del género no son solo del español, sino de casi todas las lenguas in­doeuropeas de Europa (salvo las que lo han perdi­do, como el inglés). Y que el género no es solo sexo, cuéntenme qué sexo tienen «la silla» o «el banco». Y que no tiene una forma única, hay mas­culinos en —a («el poeta», «el astronauta»), feme­ninos en —o («la moto», «la Consuelito»).

Y que la lengua se las arregla perfectamente con una sola palabra para denotar el sexo mascu­lino y el femenino: «el/la estudiante», «él/la poe­ta», «el/la juez«, «el/la médico». Claro que esto es lo que molesta a algunas (pero muchas mujeres se niegan a ser «la poetisa», «la médica»). Etc. ¡Va­liente caja de Pandora, otra vez los griegos, han abierto!

Sobre todo: no hay por qué sacar siempre a la luz el sexo, esa diferencia que a veces no interesa. Hombres y mujeres somos iguales quizá en un 90 o 95 por ciento. ¿Quién nos obliga a marcar siem­pre el sexo? ¡Qué obsesión! Lo quieren atornillar cada vez más en la lengua. Vaya por Dios.

Y el género no es siempre sexo. Las marcas del género-sexo son irregulares, ya dije. E igual las del género-no sexo: «la mesa», «la nariz», «el ban­co», «el hombro», «el ordenador» nada tienen que ver con el sexo y carecen de marcas regulares.

Y a veces ni marcamos la diferencia sexual, no nos interesa. Decimos «el hombre» («los derechos del hombre»), «un niño» («la veci­na ha tenido un niño», no conozco su sexo o no me importa), «los niños» (ignoramos su sexo o no nos interesa). E igual en la palabras epicenas, co­munes a ambos sexos, como la del gallo y la galli­na en griego o las españolas que cité.

En alemán «el niño» y «la señorita» son neu­tros. El sol es femenino y la luna masculino. Ya ven. Introduzcan la igualdad o la racionalidad.

Cierto, la sociedad evoluciona, en las lenguas la historia deja su huella. Se crean nuevos feme­ninos cuando el ambiente es propicio para ello. Hay «la presidenta» porque muchas mujeres pre­siden, la lengua, con el tiempo, toma nota. Pero no podemos hacer una cruda cirugía, imponer en todo el sexo, que de todos modos, cuando inte­resa, se marca por la concordancia («el juez»/«la juez», repito).

Y, a veces, adrede no se marca. Una palabra ca­lificada de masculina abarca el conjunto hom­bre + mujer, como en los ejemplos que he dado. Y esto ahorra tiempo y palabras y olvida, intencio­nadamente, un rasgo que, a veces, carece de inte­rés. ¿Vamos a decir «los funcionarios desconten­tos y las funcionarías descontentas declararon la huelga?».

Lo que irrita a algunas, parece, es que ciertos masculinos se usen para designar a mujeres o no las distingan de los hombres. Déjenme un po­co de erudición, por favor.

Las lenguas indoeuropeas, de las que vienen casi todas las de Europa (y el Irán y la India), ca­recían en fecha muy antigua de género. O mejor dicho, tenían un género animado (¡seres vivos, sin distinción de sexo!) y otro inanimado. Así en lenguas anatolias antiguas como el hetita. Lue­go, en el tercer milenio antes de Cristo, se inven­tó el femenino (para mujeres, animales hembra, árboles, ríos). La forma antigua, previa a ese in­vento, se hizo, a veces, por contraste u oposición, masculina: otras continuó siendo indiferente.

El «masculino» usado para mujeres o seres hembras es, simplemente, una continuación de ese uso neutro o indiferente. Lo hay en latín, del que venimos, y en todas partes. No es un insulto. Es un resto de la antigua indiferencia pregenérica, presexual. Hay en estas palabras un uso mas­culino y un uso neutro, que vale para hombres y mujeres, para todas y todos.

Esa es la cuestión. Ese tema del género no es solo del español. Lean, aprovecho un poco para incluirme en la bibliografía con el libro que aca­bo de publicar, «Historia de las lenguas de Euro­pa». No nos acomplejemos por el dichoso género, irregularidades semejantes pululan en muchísi­mas lenguas. No todo es sexo en ellas y el sexo se distingue o no y lo hace de mil formas. Insisto.

No hay regularidad formal para marcar el sexo o el género en general, insisto: la —a fi­nal es con frecuencia femenina (con sexo o sin él), pero no siempre. Y la —o final es con frecuen­cia masculina (con sexo o sin él), pero no siem­pre. ¿Vamos a prohibir las irregularidades, los verbos irregulares, por ejemplo? Las hay en cualquier lengua.

¿Vamos a descuartizar la nuestra, a coserla luego, quizá a embalsamar el engendro? ¿Y solo en el género o en caprichos mil?

Ya sabemos de las minorías que nos pedían violentamente que expulsáramos del Dicciona­rio palabras que no les gustaban. Pero existen.

¿Vamos a torturar al niño con esta obsesión del género mal entendido, del sexo en realidad, a torturarnos a nosotros? Señoras, Señor Zapate­ro, paren, paren. Tenemos una lengua y con ella hemos vivido y hemos de vivir. Marca el sexo cuando lo marca y ello de diversas maneras. O de ninguna. En fin, las lenguas y los seres huma­nos estamos llenos de irregularidades —y de ge­nialidades. Hay sexo y no sexo, igualdad formal y desigualdad formal. Las lenguas no son pura racionalidad igualitaria. Y tienen grandes, in­mensas virtudes para expresarnos a nosotros, para expresar al mundo. Como las tienen los se­res humanos (sin distinción de sexo).

Sólo pido a los gobernantes y a quienes se creen poseedores (el masculino incluye a todas y todos, qué cómodo) de la verdad y buscan que los primeros la impongan, que no inventen dog­mas por falta de información y sobra de prejui­cios. Que no fuercen igualdades irracionales que llevan a desigualdades. ¡Sexo y más sexo, in­cluso cuando no hace falta! ¡Regularidad formal cuando tampoco la hace! Que nos dejen vivir con nuestra lengua.

Es la que tenemos y es grande. Ni es una cua­drícula regida por racionalismos e igualitaris­mos infinitamente criticables, ni ofende a na­die. Como es, nos basta.

Y no torturen al niño con tonterías. Ni rom­pan la lengua española.

FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS (Publicado en la 3ª de ABC el 2 de Marzo de 2008)

De las Reales Academias Española y de la Historia

ESCULTURA


Vista del montaje de la exposición en el Palacio de Cristal, 2008
La artista Magdalena Abakanowicz (Falenty, Polonia, 1930) ha concebido expresamente esta exposición para el Palacio de Cristal del parque madrileño del Buen Retiro.




El Palacio de Cristal, por su doble carácter de recinto y, al mismo tiempo, volumen transparente, es un excelente transmisor de los mundos fantásticos que Abakanowicz viene creando desde que era niña. Dentro de él, la artista ha ideado, con la ayuda de Miguel Berroa y BAT Spain, una gran carpa de lona a manera de refugio protector de los objetos que integran el mundo imaginado por ella, que en esta ocasión, está conformado por grandes figuras de acero inoxidable alusivas a la leyenda del Rey Arturo (Parsifal, Galahad, Merlín, Lancelot...) representativas de la última producción de la artista, y por figuras de niños (bambini) realizadas en hormigón.

“Inspirada por el peculiar espacio del Palacio de Cristal, decidí construir una carpa cuyo interior albergara una imagen metafórica de sueños y visiones que mora entre la realidad objetiva y el mundo personal de los sueños inefables”, comenta la artista al referirse a este proyecto.


CRONICAS DESDE PEKIN



Traemos hoy las Crónicas desde Pekin de Ana Fuentes


15 de Mayo de 2008 | ANA FUENTES

(Me llamo Ana Fuentes, nací en Madrid y soy periodista. He trabajado en radio (Radio France Internacional, Radio Voz, Cadena Ser), televisión (CNN+, fixer para TF1, France 3 y France 2) y prensa (Diario Metro). Mi próxima experiencia empieza en Pekín, de momento sin billete de vuelta.)

Hazte amigo / El recuerdo de Tangshan

72 horas después del terremoto, Li y su hijo han ido al banco a donar 5.000 yuanes (unos 500 euros) para ayuda a las víctimas del terremoto de Sichuan. A este chófer pequinés ni le sobra el dinero ni ha perdido a nadie en el seísmo, pero quiere ayudar ahora que tiene unos ahorros. "Me acuerdo de Tangshan. Entonces era pequeño, vi morir gente y no pude hacer nada".

Muchos chinos recordaron el lunes aquel 28 de julio de 1976, cuando un terremoto de la misma intensidad, 7.8 grados Richter, arrasó la ciudad de Tangshan, en la provincia de Hebei. Nueve de cada diez casas fueron sepultadas bajo los escombros. Las fábricas, los parques, las escuelas. No quedó nada. Según datos oficiales, unas 250.000 personas perdieron la vida, aunque otras fuentes aseguran que fueron el triple. "Aquel temblor sí que se sintió en Pekín", cuenta Liu Yang, maestra jubilada de 65 años. "Era de madrugada, el cielo se abrió y cayó una lluvia llena de furia".

Tangshan ha sido una de las primeras ciudades chinas en enviar ayuda a Sichuan: 925.000 euros. En Pekín estos días se recuerda, y también se actúa: muchas empresas están recolectando dinero para Cruz Roja china, se están celebrando conciertos de apoyo (http://bokane.org/2008/05/13/benefit-concert-for-sichuan-earthquake/), y cinco canales de la televisión pública CCTV han suspendido su parrilla habitual para ofrecer programación en continuo sobre el terremoto.

Del exterior también llegará ayuda, pero sólo en forma de dinero y suministros. El Gobierno chino no acepta de momento equipos expertos de rescate ni ayuda humanitaria. "No entiendo por qué", dice el chófer Li, "China no puede gestionar todo eso sola, es mucho daño de golpe. Eso también me recuerda a Tangshan. Entonces el presidente Mao [que moriría días después del seísmo, el 8 de septiembre de 1976] tampoco quiso que otros países nos mandasen ayuda. Qué gran error".

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martes, 20 de mayo de 2008

BIBLIOTECA MIGUEL DE CERVANTES

Las rarezas
de los autores
clásicos
saltan a la Red

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes permite acceder a traducciones difíciles de localizar de escritores como Shakespeare, Homero o Tomás de Iriarte

Portal de traducciones de clásicos de la Biblioteca Miguel de Cervantes.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha inaugurado una nueva sección que pone al alcance de los internautas traducciones al castellano, actualmente de difícil acceso, de obras pertenecientes a grandes autores de la literatura universal, como Shakespeare, Molière o Víctor Hugo.

Enlaces recomendados

· Quijotes al rescate de clásicos

La sección permite a los estudiosos y al público en general conocer un conjunto de traducciones cuyo interés "hace deseable su recuperación, ya que por su calidad, por la influencia que ejercieron en su tiempo, por el éxito de público obtenido cuando fueron publicadas o por ser las primeras versiones españolas de un determinado autor", han explicado hoy fuentes de la biblioteca.

Entre los traductores cuyos trabajos se recogen en ese espacio destacan escritores como Tomás de Iriarte, Leandro Fernández Moratín o Emilia Pardo Bazán, a los que se suman otros nombres menos populares que "vertieron al castellano" obras de Homero, Shakespeare, Molière, Rousseau, Balzac, Víctor Hugo o Washington Irving, según las mismas fuentes.

Una biblioteca de casi diez años

El portal está dirigido por los profesores Francisco Lafarga y Luis Pegenaute, de la Universidad de Barcelona y de la Pompeu Fabra, respectivamente.

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, nacida el 27 de julio de 1999 por iniciativa de la Universidad de Alicante, Banco Santander y la Fundación Marcelino Botín, se desarrolla en la actualidad bajo la tutela de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, presidida por el escritor Mario Vargas Llosa.

Su objetivo es la difusión de la literatura y las letras hispanoamericanas en el mundo y ofrece libre acceso a través de la Red a sus fondos, compuestos por 29.500 registros bibliográficos en diferentes modalidades: texto, imagen, vídeo, audio y formatos combinados. Desde que se creó ha servido más de 560 millones de páginas a internautas de todo el mundo.



Quijotes al rescate de clásicos

Pequeñas editoriales sacan al mercado libros agotados u olvidados en los circuitos habituales



Impedimenta

La palabra latina impedimenta hace referencia al baje mínimo, a esa mochila llena de armas, cantimploras o tarteras, que cargaban los soldados romanos para poder hacer frente a la batalla. Les pesaba, sí, pero sin ella morían. Impedimenta es también una editorial que se ha marcado como objetivo ofrecer ese bagaje literario imprescindible para afrontar el día a día. Clásicos de ayer y hoy que no superan los estrictos filtros de las grandes editoriales y a los que, sin embargo, merece la pena hacerles un hueco en la mesilla de noche.

Enrique Redel, director editorial de Impedimenta, asegura haber sido siempre "un lector bastante pesado". Interesado en descubrir viejos y nuevos clásicos y leyendo casi siempre del original, decidió embarcarse en esta tarea de recuperación a través de una pequeña y cuidada firma, que hasta la fecha sólo ha alumbrado tres títulos: La abadesa de Castro (Stendhal),La pulga de acero (Nikolai Leskov) y Noviembre (Flaubert). El siguiente, Santuario, de la escritora norteamericana Edith Wharton, será el próximo en salir.

La tarea es titánica. Codo con codo con Redel, sólo otras dos personas más hacen posible Impedimenta. Maquetan, diseñan, seleccionan y crean pequeñas joyas, poniendo especial mimo en la tarea de la traducción, muchas veces maltratada para abaratar costes. Su objetivo, como lectores exigentes que son, es ofrecer "obras que se lean, que se disfruten y que se guarden".

Robert Musil o Johanna Schopenhauer

Al igual que Impedimenta, otras editoriales -la mayoría de ellas muy pequeñas y cuidadosas con cada detalle- se convierten en bastiones para la publicación de obras fundamentales de la literatura clásica o contemporánea. Desde volúmenes perdidos que no han vuelto a ser editados en castellano a obras que los editores han pasado por alto o escritores de segunda fila no por ello menos interesantes.

Periférica, Libros del Asteroide o Sexto Piso son algunos de estos ejemplos. Los autores que rescatan, William Maxwell, Robert Musil, Johanna Schopenhauer o Valérie Mréjen. Tanto contemporáneos como ya fallecidos porque, como asegura Redel, "lo díficil no es elegir una obra si no desechar las que no vas a publicar".

"Aún queda mucho por leer", afirman desde Periférica, creada en Cáceres hace dos años por Julián Rodríguez y Paca Flores. Al igual que Impedimenta, su labor se plasma en un único volumen al mes y, en su caso, ponen especial interés en "títulos que surgieron durante el siglo XX al margen de lo establecido o de los gustos dominantes", así como "aquellos autores que entre la Ilustración y el fin del siglo XIX conformaron una idea de Europa y del mundo que merece la pena conocer y pensar".

Enlaces recomendados

· Lee el primer capítulo de 'Santuario'

· Lee el primer capítulo de 'La pulga de Acero'

· Las pequeñas editoriales apuestan por la imagen para ser competitivas

· Seducidos por las tapas

Sin pensar en la cuenta de resultados

Rodríguez asegura que el proyecto de Periférica "es más cultural que empresarial, sin pensar en la llamada cuenta de resultados". Siempre es agradable sacar al público un libro en el que crees, aunque, por supuesto, si consigues que tenga repercusión la satisfacción es mayor.

En su caso, están especialmente orgullosos del eco que ha tenido la publicación de Navidad y Matanza, del chileno Carlos Labbé, un autor desconocido hasta ahora en España pero que gracias a su edición ha tenido una buena acogida de crítica y público.

Los ejemplos prosiguen, siempre en pequeñas editoriales, con pocos volúmenes y menos personal. Así, por ejemplo, Libros del Asteroide afirma en su ideario que "un ritmo de publicación razonable nos permite cuidar la edición, el diseño y la difusión de nuestros títulos, dedicándoles la atención que creemos se merecen".

La vida de un libro es muy corta en la primera línea de las librerías. Pero para estos quijotes es prácticamente una responsabilidad moral sacar a la luz autores que, como aseguran en Sexto Piso, "son pilares de la cultura universal".

TAUROMAQUIA EN CENTRAL PARK




Tauromaquia en Central Park


Fotografia y texto tomados del ABC del día de hoy, 20 de mayo de 2008.

No sé quien es Rosario Pérez, pero en este artículo describe perfectamente la afición de los socios del Club Taurino de Nueva York.

ROSARIO PÉREZ

La sombra de la piel de toro es alar­gada como la del ciprés de Deli­bes. Un capote de grana y oro se ex­tiende de España a México, de Francia a Portugal, de China a Nueva York. Y en la ciudad que nunca duerme se ha desper­tado también el gusanillo del toreo. En la inmensidad de Central Park se re­únen aficionados para practicar las dis­tintas suertes de manera casi clandesti­na. Como aquellos románticos maleti­llas que otrora saltaban vallas y alam­bradas para torear a la luz de la luna un toro fiero en un cortijo marismeño, los neoyorquinos hacen sesiones de tauro­maquia a escondidas en un escenario donde la mayoría desconoce los incalcu­lables valores de la Fiesta, reflejada en espejos cóncavos valleinclanescos.

Pero existe una asociación, el Club Taurino de la Ciudad de Nueva York —con 150 miembros—, que vive con gran pasión el toreo. Además de reunirse una vez al mes para comentar la temporada española, practican el arte de Cuchares en Central Park y protagonizan escenas que recuerdan a los entrenamientos de los toreros en la madrileña Casa de Cam­po. Mientras uno hace de morlaco y em­biste largo y humillado, otro torea al na­tural. Beben en las fuentes de las corri­das que ven en vídeos o en su paso por los cosos ibéricos. «La mayoría de nuestros socios son estadounidenses que han des­cubierto los toros gracias a sus visitas a Pamplona y otros lugares de España y México. Son muy buenos aficionados», explica a Efe la presidenta del Club, Lore Monning. Es el caso de un profesor de Se­cundaria, Robert Weldon, impactado por la gallardía de José Tomás en una Go­yesca en Las Ventas. «Con una sola faena, mi vida cambió. Vi algo tan emocio­nante e impresionante, y que no lograba entender, que me tocó hondo. Supe que de­bía regresar a España para vivirlo más de cerca», dice el maestro y organizador de las clases de toreo en Manhattan.

Cuentan estos amantes de la Fiesta que ejercitar su afición no es tarea senci­lla en un país donde el toreo se considera algo «primitivo». Pero no son los prime­ros hechizados por la magia de una veró­nica y la heroicidad de sus intérpretes. Selectos estadounidenses, como Orson Welles —que confesó ser un aspirante a torero— y Ernest Hemingway —artífice de la sentencia «las corridas de toros son muy morales»—, ya se mostraron fasci­nados por el universo de los toros.

Cuna de importantes movimientos culturales, en Estados Unidos ha rever­decido la curiosidad por la «Fiesta más culta del mundo» (García Lorca dixit). Los primeros jueves de cada mes, los jar­dines de Central Park se convierten en un ruedo. Sin pasodobles ni olés, maleti­llas neoyorquinos hacen el paseíllo cer­ca de la Quinta Avenida y dibujan lan­ces frente a un toro imaginario.

domingo, 18 de mayo de 2008

EL MARQUES DE LA TABLA DE FLANDES


Traigo a mi blog un artículo que Arturo Pérez – Reverte publica en el XLSemanal de hoy. Pero, antes de escribir sobre dicho artículo, quiero escribir de su autor. Le conocí, en el sentido de tener noticias de él, hace muchos años, cuando era periodista de guerra. Aparecía en reportajes televisivos hechos en los frentes de las más variadas guerras, en los que informaba en tiempo real, durante los combates. En esos reportajes se oía el silbido de las balas y explosiones más o menos lejanas. Pensaba con pena para mis adentros: “el día menos pensado a Pérez – Reverte le va a llegar una bala perdida o le va a explotar algo a su mismo ladito”. Pero fue pasando el tiempo y se libró de tan triste fin, pasándose con éxito a escritor de libros, de novelas.

Leo con mucho interés los artículos que publica en XLSemanal. Desde hace un par de años los leo todos.
Recuerdo especialmente aquel artículo en el que relataba como en una noche lluviosa y fría, subiendo el puerto de Galapagar, en dirección a San Lorenzo de El Escorial, adelantó con su coche a una moto pequeña que llevaba a una pareja joven, encogida por el frío y la lluvia. Recuerdo como relataba con detalle las circunstancias adversas de aquella pareja en su difícil viaje en moto. Recordaba Pérez – Reverte a los padres de aquellos jóvenes, que estarían sufriendo su ausencia hasta su feliz regreso.

En fin, en aquel artículo lo que destacaba sobre todo, a mi entender, era el corazón de Arturo Pérez – Reverte y su nobleza al practicar una empatía y un amor al prójimo, objetivados en aquella pareja de la pequeña moto. En resumen, destacaba su NOBLEZA.

Y ahora, con este artículo que hoy publica, léanlo detenidamente, saboréenlo, después de hacer la excepción que confirma la regla, de hablar o escribir de un libro ajeno y actual: “los peces de la amargura” y después de hacer un análisis de este libro termina diciendo:

No sabía mucho hasta ahora, como digo, de Fernando Aramburu ni de este libro —no hay tiempo ni ganas para todo—, excepto que su autor es escritor solvente y respetado por algunos de mis amigos. Tampoco sé si le caigo bien o mal, o si ha leído alguna de mis novelas. Me importa un rábano. Pero merece esta página más que yo. Por eso hoy se la dedico. Para que conste.


Aquí stá otra vez la nobleza de Arturo Pérez – Reverte y por eso pido a quien corresponda que le conceda el título de Marqués de La Tabla de Flandes, como yo ahora deseo profética y vivamente.

La Tabla de Flandes fue la primera novela que yo leí de Arturo Pérez – Reverte.

“Los peces de la amargura”

Es raro que recomiende una novela actual. Ni siquiera las de los amigos, excepto rarísimas excepciones. En primer lugar leo muy pocas. Las novelas las carga el diablo, y cada cual tiene sus gustos. No soy fiable en eso. Otra cosa son novelas de antes, clásicos y asuntos así; cosas que a uno le parecen poco conocidas, o injustamente olvida­das. También, muy rara vez, un autor joven o nuevo que me deslumhra, como ocurrió en su momento con las máscaras del héroe de mi hoy vecino Juan Manuel de Prada, o cada vez que Roberto Monte­ro, alias Montero Glez, saca libro nuevo -acaba de publicar su premiada Pólvora negra—. A veces algún lector me pide una lista de títulos; pero procuro escurrir el bulto, en especial cuando se trata de novela posterior a la primera mitad del siglo XX, excepto Anthony Burgess, Le Carré, Pynchon, O'Brian y alguno más. Todos guiris, como ven. En España, mis labios están sellados. O casi. Por una parte, no estoy muy al tanto. Por la otra, no me gusta ser responsable de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo. Bastante tengo encima con lo mío.

Hoy, sin embargo, debo saltarme la norma. Y lo hago porque ni conozco al autor ni creo que me lo tropiece nunca. Se llama Fernando Aramburu, es más o menos de mi quinta, vasco de San Sebastián, y creo que vive en Alemania. Todo esto lo sé por la solapa del libro, que salió hace año y medio, pero que me regaló ayer mi compañero de la Real Aca­demia Carlos Castilla del Pino. Se titula Los peces de la amargura, y lo hojeé más por cortesía que por otra cosa. Pensaba dedicarle media hora pero me lo zampé en una tarde, hasta la última página, tras haberme removido doscientas veces, conmovido e inquieto, en la butaca. Luego me levanté pensando: «Mañana me toca escribir lo de XLSemanal, y así de caliente tengo dos opciones: des­ahogar esta mala leche, y que algunos lectores vascongados se acuerden de mis muertos, o escribir un artículo hablando de este puto libro». Así que ya ven. Me decido por el libro.

Son varias historias escritas de forma muy limpia, sin adornos. Al grano. Prosa seca y cortada, casi documental. Todas ocurren en el País Vasco, en pueblos o ciudades. Vida doméstica que allí es cotidiana: un padre que se aferra a los peces de su acuario para soportar la des­gracia de su hija mutilada en atentado terrorista, la madre de un joven preso de ETA, la mujer de un policía municipal hostigada en un pueblo, el compañero de juegos que luego lo será de atentados, la cobardía vecinal ante el que ha sido mar­cado como enemigo de la patria vasca... No son historias contadas desde un solo punto de vista. Todo cabe en ellas: los motivos y las sinrazones, los verdugos y las víctimas cuyos papeles pueden tro­carse en un momento. La memoria y el presente, el miedo, la vileza, la desespe­ranza, la derrota, la supervivencia. Sobre las doscientas cuarenta y dos páginas del libro —ya he dicho que se lee en una tarde— planea todo el tiempo una som­bra densa de tristeza. De la amargura que contienejel título de esta obra singular.

Créanme: no hay discurso de político, información de prensa, análisis de experto, obra monumental por volúmenes, telediario ni retórica alguna que logre transmitir de forma tan contundente, estremecedora, el hecho de haber vivido y vivir la realidad vasca. La de verdad. La que nunca hay cojones para expresar en voz alta. No la simpática de boina, tapeo y partida en el bar, ni la idílica rural de valles y colinas verdes, ni la oficial de discursos mirando al tendido. Los peces de la amargura cuenta la verdad de un mundo, de una tierra y de una gente con miedo, con odio, con cáncer moral en el alma. De algo a lo que el silencio de tantos años, el paraguas de las complici­dades cruzadas, la cobardía y la infamia, siempre presentes y nunca desnudas, no han hecho sino pudrir y enquistar como un absceso.

Sin que le tiemble el pulso, desgranándolo con mucha calma página a página, el autor nos habla precisamen­te de todo aquello de lo que allí no se habla, no se debe mirar y no se toca: el miedo de una esposa, el silencio de una madre, la desesperación de la ausencia, la impotencia de la víctima, el veneno de los obtusos y los malvados, la ausencia de caridad de los fanáticos, la infame ruindad cobarde, insolidaria, que nos caracteriza a la mayor parte de los seres humanos.

No sabía mucho hasta ahora, como digo, de Fernando Aramburu ni de este libro —no hay tiempo ni ganas para todo—, excepto que su autor es escritor solvente y respetado por algunos de mis amigos. Tampoco sé si le caigo bien o mal, o si ha leído alguna de mis novelas. Me importa un rábano. Pero merece esta página más que yo. Por eso hoy se la dedico. Para que conste.

www.xlsemanal.com/perezreverte

XLSEMANAL 18 DE MAYO DE 2008