sábado, 5 de julio de 2008

DEFENSA DE LA LENGUA COMUN (2)











En este caso es la parte 2, entrevista a Marina Castaño, viuda de Camilo José Cela.

«Cela sería el primer abanderado en defensa de la lengua española»

Marina Castaño__________ Viuda de Camilo José Cela

ÁNGEL DE ANTONIO

LUIS MIGUEL GÓMEZ

MADRID. Ya han pasado seis años desde la muerte del últi­mo Nobel de las letras españo­las, Camilo José Cela. Su viu­da, Marina Castaño, no ha dudado en sumarse al Manifiesto
por la Lengua Común

—¿Apoyaría su marido el Mani­fiesto? .

—Se habría adherido desde el primer momento, hasta lo aban­deraría, porque él amaba la len­gua por encima de todo, era su herramienta de trabajo. No du­do de que sería el primer aban­derado en esta campaña de de­fensa de la lengua española.

—¿Era para Camilo José Cela una lengua amenazada?

—Él nunca pensó que el espa­ñol estuviera en peligro. Sostenía que dentro de 100 ó 200 años sólo se hablarían cuatro len­guas en el mundo: el español, el inglés, el árabe y el chino.

—¿Y usted? ¿La considera una lengua en peligro?

—En España, una lengua tan fuerte como la nuestra está te­niendo dificultades, pero creo que son problemas de provin­cianismo, de paletismo, de pu­ra incultura, de mediocridad. Es un paso atrás, en definitiva.

—¿Cuál es su opinión sobre las políticas lingüísticas de algunas comunidades autónomas?

—Hay que conservar todas las lenguas vernáculas, pero lo que no se puede hacer es impo­ner una lengua por decreto.

—¿Debería la Academia promo­ver este Manifiesto?

—Lo idóneo sería que como Real Academia de la Lengua fuese la que impulsase esta de­fensa del español. Pero ya que no toma la iniciativa, no sabe­mos por qué extrañas razones políticas o, entre comillas, di­plomáticas, pues está bien qué la mayoría de los académicos se estén uniendo individual­mente, junto con escritores, de­portistas, intelectuales... Que seamos gente de todos los ámbi­tos de la sociedad quienes em­pujemos esta iniciativa para defender algo tan hermoso co­mo es el español, una lengua que por otra parte hablan mu­chos millones de personas en el mundo.

DEFENSA DE LA LENGUA COMUN (3)












Parte 3 de 4. La entrevistada es Maria España, viuda de Paco Umbral.

“Cuántas columnas habría hecho estos días Paco Umbral en defensa de l castellano!”

María España confirma, en esta entrevista a ABC, que Francisco Umbral se habría unido desde el primer minuto en su columna al Manifiesto por la Lengua Común. La viuda del escritor explica que envió su adhesión el primer día como «persona particular»

POR ANTONIO ASTORGA

—¿Se ha adherido usted al Mani­fiesto por la Lengua Común? ¿Cuándo y cómo?

—El primer día ya envié mi ad­hesión. Lo hice como persona particular, como tanta gente. Lo mandé anónimamente y me imagino que tendrán allí la firma con la fotocopia del car­né, que es lo que piden.

—¿Umbral habría firmado ese Ma­nifiesto?

—Sí, sin duda, por supuesto. Fí­jese el amor que él tenía sobre todo a Barcelona, dónde íba­mos mucho, y donde teníamos tantos amigos. Yo lo he pensa­do estos días: ¡Cuántos artícu­los habría escrito Paco en de­fensa del castellano!, claro.

—¿Qué le ha impulsado a unir su nombre a este Manifiesto?

—Me parece que la lengua caste­llana es el idioma de muchísi­mos millones de personas, y con­sidero que lo que están hacien­do en Cataluña va en detrimen­to de la gente, más que del idio­ma. El idioma español está ahí, pero la gente a la que le están prohibiendo su acceso, y a los ni­ños a los que están enseñándoles están limitando mucho. El día de mañana esas personas tendrán un problema. ¡Claro, van a estar en un país que es Es­paña y en el que no van a poder desenvolverse si no les permi­ten aprender español! Es como si fuera uno a Rumania. Si yo fuera allí, no me entenderían. Las personas de Cataluña que sólo sepan catalán y, por ejem­plo, vayan a Sevilla se van a en­contrar como fuera de órbita.

—¿Qué opinión le merece el he­cho de que en Cataluña se impon­gan multas a los comerciantes que no rotulen en catalán los carteles de sus locales, en claro detri­mento de los que quisieran hacer­lo en castellano?

—Me parece muy excesivo. To­do eso va en perjuicio, en detri­mento de Cataluña, País Vasco y Galicia, donde exigen esto. En el caso concreto catalán me pre­gunto: ¿qué van a hacer-allí cuando la gente vaya a comprar a El Corte Inglés? Creo que las personas quieren entrar en esas grandes superficies como han entrado siempre, no que de pronto se tenga que dirigir en catalán al dependiente para comprar unos zapatos, y el de­pendiente, si es de Valencia, de Navarra o Salamanca, tenga que aprender catalán para aten­derles. Eso me parece absurdo porque todos saben castellano. Si una va a Londres y conoce un poco de inglés, lógicamente una se arregla como puede, y la gen­te de allí trata de entenderte. Pues aquí, que estamos mane­jando la lengua común que es el castellano, ¿porqué vamos a an­dar con otras historias? No me parece mal que la gente sepa, además de castellano, catalán, como aprendemos francés, o he­mos sabido en algún momento latín. Pero de eso a exigir ya a los comerciantes que rotulen y sólo se hable catalán en la tien­da... no sé si en la práctica es así o no, pero si es así —yo dentro de poco voy a ir a Barcelona— en­tonces espero no tener proble­mas como si fuera a Hungría.

—El manifiesto no es «anti», sino que habla de libertad.

—Si una va a Barcelona siem­pre ha oído que hay gente que habla en catalán. Bueno, muy bien. Pero ál hablar con una lo hacen en castellano porque yo no sé catalán. Me parece muy bien que ellos cultiven el cata­lán y que traten de, a lo mejor, enseñárnoslo a los demás. Im­ponerlo me parece un error. Es­tán limitando las posibilida­des de los catalanes; a lo mejor la gente piensa: «¿Voy a ir a Ca­taluña, a visitar Barcelona y voy a tener este problema? Pues mira, me voy a Andalucía donde no lo voy a tener.

—¿Este acoso al castellano lastra­rá a la larga la creación literaria?

Tengo allí mucha familia que sabe castellano. Muchos saben, además, catalán. Tienen una ri­queza superior a la nuestra, pe­ro no cabe duda de que, con esa imposición, lo que en el fondo es­tán tratando es llegar a plan­tear el día de mañana la inde­pendencia del resto de España. Veo que eso es a lo que aspiran.

DEFENSA DE LA LENGUA COMUN (4)



Traemos aqui la cuarta de cuatro entrevistas que se publicaron ayer en el ABC, las cuatro defendiendo la lengua comun.
Entrevista a Concha de Campmany.



«Si se lo hubieran pedido, Jaime habría escrito el Manifiesto»

Concha Campmany________ Viuda del

columnista de ABC Jaime Campmany


IRENE G. VARA

MADRID


.—¿Cree que su mari­do hubiera estado de acuerdocon el Manifiesto por la LenguaComún?


—Por supuesto. Él defendía su lengua castellana, como la lla­maba, su idioma, su instrumen­to de trabajo. Y la hubiera de­fendido a ultranza. Lo que no sé es si hubiera firmado el Ma­nifiesto, porque él sólo firma­ba lo que escribía. Aunque si le hubieran pedido escribirlo, se­guramente lo hubiera hecho. Y lo hubiera hecho muy bien. Pe­ro él no está y no puedo contes­tar categóricamente. Lo que sí hubiera hecho es escribir mu­chos artículos en defensa del castellano.

¿Cuál era su opinión sobre la política lingüística?


—Opinaba que la situación no era la deseada. Aunque él pen­saba que todas las lenguas te­nían que pervivir y que tenían que cultivarse, pero no a costa de acabar con el castellano. Jai­me era de familia catalana y quería mucho a Cataluña. Lo que los hablantes de las len­guas periféricas pretenden es que no se acabe con su idioma. Pero es que nadie quiere aca­bar con ellos. Es que no se pue­de querer acabar con eso.


—¿A qué se debe este arrinconamiento del castellano en comuni­dades como Cataluña?


—Pues mira, para mí es campa-nillismo. Y para Jaime tam­bién lo era. En cada pueblo hay un campanario y la gente lo quiere y no le interesa el cam­panario del pueblo de al lado. Es absurdo pensar que lo nues­tro es lo mejor. Lo maravilloso es fomentar el bilingüismo. El bilingüismo es enriquecedor, pero el monolingüismo es em-pobrecedor. Sobre todo si es un idioma que habla poca gente. Yo creo que con estos proble­mas se está creando una socie­dad pobre para el día de maña­na.

¿Cree que ese acoso tendrá consecuencias para la creación li­teraria en castellano?

—Yo creo que no. El castellano es una lengua muy viva, muy fuerte. Seguirá habiendo escri­tores que utilicen el castella­no. No se puede acabar con esta lengua, es de sentido común. No puede tener la misma im­portancia un idioma que lo ha­blan 400 millones de personas que otro que se habla en un so­lo país, aunque los dos sean pre­ciosos.

jueves, 3 de julio de 2008

Ingrid Betancourt en libertad










Miembro de una familia de tradición política, es hija del que fuera ministro de Educación y durante muchos años consultor de la UNESCO, Gabriel Betancourt Mejía, y de la ex congresista y ex embajadora en Guatemala Yolanda Pulecio, conocida también por su trabajo en favor de la infancia

EFE

Ingrid Betancourt Pulecio, ex candidata a la presidencia de Colombia secuestrada por la guerrilla de las FARC desde el 23 de febrero de 2002, fue rescatada hoy por el Ejército en una operación en la que también fueron liberados tres estadounidenses y once militares y policías.Betancourt nació el 25 de diciembre de 1961 en Bogotá.

Miembro de una familia de tradición política, es hija del que fuera ministro de Educación y durante muchos años consultor de la UNESCO, Gabriel Betancourt Mejía, y de la ex congresista y ex embajadora en Guatemala Yolanda Pulecio, conocida también por su trabajo en favor de la infancia.

Se graduó en el Instituto de Ciencias Políticas en París. Es politóloga, especializada en comercio exterior y relaciones internacionales.

Tras residir varios años en Francia, en 1990 regresó a Colombia, donde trabajó como asesora del ministerio de Hacienda y Crédito Público, y después del ministerio de Comercio Exterior.

Su carrera política comenzó en 1994, al ser elegida representante en el Concejo de Bogotá por el Partido Liberal. Sin embargo, emprendió varias acciones de denuncia de la corrupción y se distinguió por su férrea oposición al presidente Ernesto Samper, de su mismo partido.

Ese mismo año formó con los parlamentarios María Paulina Espinosa, Carlos Alonso Lucio y Guillermo Martinezguerra el llamado grupo de "Los Mosqueteros", que denunció presuntas irregularidades en la compra de fusiles Galil al Gobierno de Israel.

En 1996 emprendió una campaña de denuncias contra la supuesta financiación de la campaña electoral del presidente Samper con dinero procedente del narcotráfico.

Huelga de hambre

Así, en febrero realizó una huelga de hambre durante dos semanas en la Cámara de Representantes y al mes siguiente pidió al Partido Liberal que expulsara a Samper de sus filas, a quien acusó de haber violado el Código de Ética de la formación al sobrepasar el máximo legal de gastos autorizado por los organismos electorales.

Durante el juicio que se le hizo en el Congreso en junio de 1996, lo calificó de "delincuente" por su responsabilidad en la financiación de su campaña presidencial con dinero del narcotráfico, acusación de la que el presidente fue exonerado.

Sobre este asunto publicó en 1996 el libro "Sí sabía".

En 1998 abandonó el Partido Liberal y en las elecciones del 8 de marzo de ese año fue elegida senadora por la formación Oxígeno Verde, con la que consiguió ser la candidata más votada con 150.000 sufragios.

La rabia en el corazón

En marzo de 2001 publicó en Francia el libro "La rage au coeur" (La rabia en el corazón), que desató una fuerte polémica en Colombia, al calificar al Congreso de este país como "nido de narcotraficantes" y a los políticos como corruptos.

En mayo de 2001 renunció a su escaño en el Senado, al que calificó de "nido de ratas", para presentar su candidatura a las elecciones presidenciales de mayo de 2002 por el movimiento político Nueva Colombia.

El 23 de febrero de ese año viajó, junto con su compañera de candidatura, Clara Rojas, a la región del Caquetá, donde fueron secuestradas por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Las FARC incluyeron a ambas en la lista de los llamados "canjeables", un grupo de rehenes que la guerrilla pretende intercambiar por medio millar de rebeldes presos.

La guerrilla dio "pruebas de vida" de Betancourt, que también tiene la nacionalidad francesa, en julio de 2002, y en agosto de 2003, en ambas ocasiones mediante vídeos en los que aparecía la secuestrada.

Desde entonces varios países europeos han intentado buscar una solución a su secuestro, sobre todo España, Suiza y Francia, donde ha habido una importante movilización social en favor de su liberación.

En agosto de 2007 el presidente venezolano, Hugo Chávez, aceptó actuar como mediador entre el Gobierno colombiano y las FARC para el canje de los rehenes.

Pero el mandatario colombiano, Álvaro Uribe, suspendió esas gestiones en noviembre.

El 30 de ese mes el Gobierno colombiano difundió pruebas de vida de varios secuestrados, entre ellas un vídeo en el que se veía a Betancourt encadenada a una silla, extremadamente delgada y con la mirada triste y perdida.

Regalo de cumpleaños

El 25 de diciembre, y como regalo por su 46 cumpleaños, su esposo, Juan Carlos Lecompte, lanzó sobre las selvas de Colombia 20.000 fotografías de los hijos de Betancourt, con la esperanza de que alguna llegase a manos de ella.

Después de declaraciones de secuestrados liberados sobre el grave estado de salud de Betancourt, el 27 de marzo de 2008 el defensor del Pueblo colombiano, Vólmar Pérez, confirmó el deterioro de la salud de la ex candidata, afectada de leishmaniasis y hepatitis B.

Ese mismo día, Uribe autorizó la excarcelación de rebeldes de las FARC a cambio de la puesta en libertad de rehenes.

En abril de 2008, Francia envió una misión médica a Colombia para atender a Betancourt, que fue rechazada por las FARC.

Desde que fue secuestrada, la ex candidata ha sido nombrada ciudadana de honor de un millar de localidades de Francia, Italia y otros países.

En 2004 fue postulada por intelectuales galos al premio Nobel de la Paz; en 2004 y 2006 fue finalista al Premio Sajarov que concede el Parlamento Europeo; y en 2007 fue propuesta como candidata al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Se casó en 1981 con el diplomático francés Fabrice Delloye, con quien tuvo dos hijos, Melanie y Lorenzo, y del que se separó en 1990. Contrajo segundas nupcias con el publicista colombiano Juan Carlos Lecompte.

Al mes de iniciarse su cautiverio murió su padre, el ex ministro colombiano Gabriel Betancourt Mejía.

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miércoles, 2 de julio de 2008

TRATAMIENTO MEDICO EN LA UNION EUROPEA




La Comisión

propone ofrecer

tratamiento médico

en toda la UE

a los ciudadanos

comunitarios.

La recepción de la atención sanitaria no necesitaría autorización previa, como ahora, y los costes serían reembolsados siempre y cuando esos cuidados estén cubiertos por la Seguridad Social del país de origen del usuario

EFE - Bruselas - 02/07/2008

La Comisión Europea (CE) ha propuesto hoy la creación de un marco legal que permita a los ciudadanos de la Unión Europea recibir, sin autorización previa de su país de origen, tratamiento médico en otro Estado miembro, que después obtendría el reembolso de esos costes, siempre y cuando esa atención esté cubierta por la Seguridad Social del país de origen del paciente. El objetivo es hacer realidad el derecho a la libre circulación de los pacientes en la UE, reconocido en el Tratado europeo, pero cuya puesta en práctica choca en la actualidad con numerosos obstáculos.

La cantidad de dinero devuelta al Estado receptor del paciente equivaldría a los costes de la atención médica en el país de origen del ciudadano. En todo ello se tendrían en cuenta los medicamentos prescritos en el extranjero, siempre y cuando estén autorizados en el territorio del paciente.

La comisaria europea de Sanidad, Androulla Vassiliou, ha explicado en una rueda de prensa que los países que temen el impacto de estas medidas en sus sistemas sanitarios puedan aplicar una cláusula que les permita exigir una autorización previa en el caso de la asistencia hospitalaria que obligue a un ingreso de varios días. La comisaria ha dicho que ese supuesto se aplicará como excepción y que el país que desee optar a tal medida deberá justificar los motivos e informar a la CE, que tendrá que dar su visto bueno.

Indemnizaciones por errores médicos

Vassiliou ha hecho hincapié en que la propuesta -que pretende que todos los países definan unas normas comunes sobre seguridad y calidad- no busca armonizar los sistemas sanitarios nacionales ni modificar sus reglas de gestión. Ha señalado, asimismo, que el marco legal propuesto prevé también mecanismos para compensar a los pacientes en caso de que se produzcan errores en los tratamientos.

Según Bruselas, en la actualidad sólo el 1% de los ciudadanos comunitarios recibe asistencia médica en otros Estados de la UE, lo que ocurre sobre todo en el caso de los ciudadanos que viven en regiones transfronterizas, lo que les permite acceder fácilmente al país vecino. El gasto anual por atención médica transfronteriza asciende en la actualidad a diez millones de euros, lo que supone un 1% del total del gasto sanitario europeo (mil millones de euros). Fuentes comunitarias han explicado que con las nuevas normas el gasto anual por atención médica transfronteriza podría aumentar hasta los treinta millones de euros anuales.

lunes, 30 de junio de 2008

EL FUTBOL ESPAÑOL CAMPEON DE EUROPA!!!!!



Fotos:
1ª: Los 11 que ganaron la final
2ª: La Infanta Doña Elena paseando por el centro de Madrid, con su bandera, esperando a la selección española el 30 de Junio
3ª La enhorabuena a España de Mingote y
4ª: Todo el conjunto de la Selección Española, incluidos Luis Aragonés, reservas y técnicos.

















































Despues de la gran preparación física y psíquica realizada por el preparador Luis Aragonés, la selección española de futbol ha conquistado la copa de Europa.

El escritor Juan Manuel de Prada publica en la Tercera de ABC de hoy un artículo cuya calificación queda a juicio del lector.

Al calor de

los goles de

España

... Hemos necesitado que once españoles en calzoncillos se pongan tibios a meter goles para descubrir que el amor a la patria no es pasión vergonzosa ni asquerosita, ni querencia propia de carcas o nostálgicos, ni parecidas zarandajas, sino amor actuante y salutífero, como lo es el amor a la propia sangre...


TENGO un amigo muy querido, catalán y re­publicano, que me confesaba, entre diverti­do y perplejo, que no podía evitar que lo sal­picase la marea de la emoción cada vez que los Príncipes de Asturias se abrazaban en el palco, ce­lebrando los goles de la selección española en esta Eurocopa. Y mientras mi amigo me confesaba es­ta debilidad (que no era sino grandeza de espíritu) me acordé de un pasaje conmovedor de cierto artí­culo de Wenceslao Fernández Flórez, que durante una temporada escribió crónicas futboleras para este periódico; crónicas perfumadas siempre por la brisa del escepticismo irónico que luego reuni­ría en un librito delicioso, titulado «De portería a portería», editado por Prensa Española. En aquel artículo, adoptando un tono entre socarrón y cas­carrabias, Fernández Flórez refunfuñaba sobre los hábitos de los hinchas, y más concretamente so­bre su histeria ruidosa, que los hace rugir a coro en las gradas de los estadios, increpar al enemigo —aunque esté lesionado— e insultar al arbitro, hasta que por fin el equipo al que animan marca un gol, y entonces... Entonces Fernández Flórez narra cómo la señorita que está a su lado en las gra­das del campo quiere abrazar al señor visiblemen­te exaltado que la acompaña para celebrar el gol; pero resulta que el señor está oprimiendo en ese momento al vecino de la derecha, transportado de júbilo; y la señorita, en el calor de la celebración, se vuelve hacia Fernández Flórez y lo abraza sin previo aviso. Fernández Flórez mira en derredor con un gesto similar al de quien encuentra una cartera en la calle; pero enseguida, qué coños, abre resueltamente los brazos y estrecha entre ellos a la muchacha. Y el cronista escéptico que hasta ese momento ha contemplado el fútbol con displicencia o mero desdén siente, de repente, que la alegría le rebulle en el cuerpo, y siente también que crece dentro de él un insospechado fervor fut­bolístico; y hasta se sorprende suplicando ansiosa­mente: «¡Más goles! ¡Vengan más goles...!».


Pues esa alegría de los goles de España, que a hombres y mujeres vuelve más intrépidos y fo­gosos aunque no nos guste el fútbol, que a su calor nos torna de repente españoles sin premeditación, españoles de entraña y certeza, es la que en estas jornadas nos ha cambiado a todos la cara, sustitu­yendo ese aire de congrios hervidos que nos dejan las politiquerías de los políticos por un aire como de jamones serranos, restallante y vigoroso, que da gusto verlo. Ese aire suculento y jovial es el que tienen los abrazos de los Príncipes en el palco del estadio; y hasta el espectador más escéptico o atra­biliario, hasta mi amigo catalán y republicano los ve achucharse y se sorprende suplicando ansiosa­mente, como Fernández Flórez en su artículo: «¡Más goles! ¡Vengan más goles... de España!». Y es que, de repente, todas esas entelequias pelmazas conJas que tanto nos gusta zaherirnos a los espa­ñoles (la politiquería convertida en cilicio de nues­tro impenitente y proverbial masoquismo) se esca­bullen soltando berridos, como los demonios se es­cabullían del cuerpo de los endemoniados, cuan­do Jesús les imponía las manos. De repente, un tío como —pongamos por caso—Ibarretxe, engolfa­do en sus tabarras plebiscitarias, se nos antoja una estantigua o un marciano, o tal vez sólo un se­ñor con problemas de estreñimiento. Y nos entran ganas de decirle: «Pero, hombre de Dios, ¡pegúese usted un abrazo con la parienta, o con la vecina, o con la muchacha que le traduce al euskera las no­tas que usted escribe en castellano, pero abrácese de una puñetera vez y abandone ese gesto de con­grio hervido! Verá cuánto bien le hace».

Porque vaya si hace bien. Si estos campeonatos se celebraran, en lugar de cada cuatro años, cada cuatro meses, la gente se abrazaría muchísi­mo más; y, al calor de los abrazos, todos esos atra­cones de bilis y esos dolores meningíticos de cabe­za con que los españoles nos atormentamos se que­darían en alifafe de poca monta. Porque, vamos a ver, ¿qué son sino fruslerías esas monsergas del se-gregacionismo y el «derecho a decidir» ante la efu­sión rotunda, cálida y fraternal de tantos españo­les que celebran con un abrazo lo que les mandan el instinto, la pasión y el alma? Durante estas se­manas que ha durado la Eurocopa, los españoles hemos actuado como esos muchachos apenas pú­beres que al principio no se atreven a declarar su amor a la muchacha que les sorbe el seso, por te­mor a hacer el ridículo; y así, recién comenzada la competición, bromeábamos con la fatalidad de ser eliminados en cuartos de final, como el muchacho bromea con la expectativa de recibir calabazas. Pe­ro aquellas eran bromas mohínas propias de cobardones; pues el amor que anhela ser correspondido ha de ser ante todo audaz y echao p'alante. Y ha bastado que nos lo creyéramos y nos sacudiéra­mos esa capa de mugre de los complejitos y las pu­silanimidades con que nos abruma la politiquería de cada día para que descubriéramos que la mu­chacha que nos sorbía el seso estaba esperándo­nos, como las vírgenes prudentes de la parábola, con la lámpara encendida; y que, en echándole un poco de aceite, la lámpara llameaba como una ho­guera de San Juan. Hemos necesitado que once es­pañoles en calzoncillos se pongan tibios a meter goles para descubrir que el amor a la patria no es pasión vergonzosa ni asquerosita, ni querencia propia de carcas o nostálgicos, ni parecidas zaran­dajas, sino amor actuante y salutífero, como lo es el amor a la propia sangre. Porque los carcas, y los nostálgicos, y los tíos que dan asquito y vergüenza son los que no lo sienten; los otros, nosotros, tan só­lo somos gente normal, esto es, personas que sa­ben dejar a un lado las nimias mezquindades que los separan para abrazarse en nombre de la gran­deza que los une.

«¡Más goles! ¡Vengan más goles de España!». El fútbol, dicen los expertos, es metáfora de la propia vida; frase que queda muy rimbombante y no se suele explicar. Pero si quisiéramos explicarla ten­dríamos que decir que la vida en esquema, como el reglamento del fútbol, es en principio muy simple: hay un balón, hay unos palos clavados en el suelo; y todo el busilis del juego consiste en meter el ba­lón entre los palos. Pero, claro, enseguida surgen obstáculos que entorpecen y complican tan ele­mental misión; y, con los obstáculos, surgen tam­bién las irritaciones, las frustraciones, las tenta­ciones del desistimiento y la renuncia. Los españo­les llevamos demasiado tiempo sufriendo con esos entorpecimientos y complicaciones; y, con frecuencia, nos oprime la asfixiante sensación de que nunca nos dejarán hacer algo tan sencillo co­mo meter un gol en la vida. Entonces vemos a esos once españoles en calzoncillos correteando por el campo los vemos arrimar el hombro, los vemos po­ner tesón en el empeño, los vemos enardecidos por una ilusión común, los vemos mantener la fe en la adversidad, y el aplomo en la tarascada, y el orgu­llo en la derrota, y descubrimos el sentido aleccio­nador de lo que hacen. Así se explica el fútbol co­mo metáfora de la vida; y cuando el arrimo y el te­són y la ilusión y la fe y el aplomo y el orgullo se lla­man España, la vida adquiere una temperatura de abrazo a la que es vano resistirse. Es posible que al principio miremos en derredor con un gesto simi­lar al de quien se encuentra una cartera en la ca­lle; pero, si nos agachamos a recogerla, descubrire­mos que esa cartera es la nuestra, la cartera que nos birlaron los politiquillos y los pelmazos que quisieron desnaturalizarnos.

Ya no podremos olvidar esta Eurocopa, porque en ella recuperamos la cartera que nos ha­bían birlado. Vendrán los pelmazos y los politiqui­llos a enfriar el calor de nuestros abrazos con sus cataplasmas de frías entelequias. Pero donde hu­bo llama siempre quedará rescoldo; y la vocación natural del rescoldo es volver a llamear. Bastará con que vengan más goles de España; y, a su calor, nos volveremos a dar abrazos, que es la forma más jubilosa y arrebatada, más natural y tranquila, de ser españoles. Y, además, en el abrazo, siempre se pilla cacho.

JUAN MANUEL DE PRADA

Escritor